Lectorado y acolitado

Con la reforma introducida por el Concilio Vaticano II y su aplicación llevada a cabo en 1972 por, el próximamente santo, Papa Pablo VI las entonces llamadas «órdenes menores», que comenzaban con la tonsura y seguían con el Ostiariado, Lectorado, Exorcistado y Acolitado hasta llegar al subdiaconado, con el que se iniciaban las «órdenes mayores», fueron modificadas y sustituidas por los «ministerios laicales» de lector y acólito. La recepción de estos dos ministerios en la etapa de estudios teológicos del proceso formativo del seminarista son dos momentos singulares que se viven con especial intensidad. En efecto, como afirma la nueva Ratio, El don de la vocación presbiteral: «ambos ministerios, junto con una conveniente preparación espiritual, facilitan una vivencia más intensa de las exigencias de la etapa configuradora, dentro de la cual, por cierto, es oportuno ofrecer a los lectores y acólitos ámbitos concretos para ejercer los ministerios recibidos, no solo en la liturgia, sino también en la catequesis, la evangelización y el servicio al prójimo» (RFIS, 72)

El pasado 12 de mayo, dos de nuestros compañeros, Inocencio y David, fueron instituidos lectores en la parroquia de San Miguel Arcángel, en Valsequillo, donde David se encuentra de pastoral, y el sábado 16 de junio, a las 19:30 h., recibirán el acolitado en la parroquia de la Virgen de la Vega –en la Vega de San José–, en la que Inocencio realiza su formación pastoral. A ellos les hemos pedido que compartan con nosotros cómo han vivido y se preparan a vivir la recepción de estos ministerios.

Jacob David Castillo Acosta

Al ser instituido como lector, me he sentido llamado por el Señor –siguiendo al próximamente canonizado Pablo VI– a procurar, con todo empeño y con todos los medios,  conseguir más plenamente el suave y vivo amor, así como el conocimiento de la Sagrada Escritura, para llegar a ser más perfecto discípulo del Señor. Este ministerio de lector,  ya conocido en tiempos de San Justino o San Hipólito, y que nos recuerda la figura de Jesús leyendo el profeta Isaías en la sinagoga de Nazaret, me invita a ser consciente de que formo parte de una Tradición de la Iglesia y, a su vez, que es ella misma, la Iglesia, el ámbito donde el Señor me llama a profundizar en el sacerdocio, y de modo particular en el amor a la Escritura.

Así mismo, espero y deseo responder a la misión de lector que el Obispo me ha encomendado con su invitación: «lo primero es que la Palabra de Dios permanezca en vuestro corazón y deis testimonio de ello». Estas palabras, en las que resuena la actitud de nuestra madre María, me invitan a cumplir con firme propósito aquello para lo que he sido instituido en la Iglesia: proclamar la Palabra de Dios. Pero no sólo ésta, sino que el lectorado conlleva también otras funciones como la instrucción de los fieles para recibir los sacramentos, la propia formación de aquellos que de forma extraordinaria proclaman la Palabra de Dios o incluso la dirección de los cantos. En suma, el lectorado –para mí– consiste en enamorarme más de la Palabra de Dios.

Inocencio Pablo García Ramírez

El próximo día 16 de junio seré, junto a mi compañero David, instituido acólito por nuestro Obispo D. Francisco Cases Andreu en la Parroquia Virgen de la Vega. Con dicho ministerio se me encomienda un servicio para ofrecer mi ayuda a los sacerdotes en el altar, para poder dar la comunión en las misas y llevarla también a los enfermos. Tengo que decir que me siento muy feliz con el gran regalo que se me confiere.

Desde que comencé mi formación como seminarista me he ido preparando para este acontecimiento, pues el ministerio del acolitado me acerca un poco más hacia el sacerdocio ordenado. Debo destacar que la manera más idónea que me ha ido configurado a ser candidato a dicho ministerio es la vocación a la que me siento llamado, vivida en la comunión eclesial. Considero que una de mis fortalezas en este proceso ha sido la oración personal; ya que la oración me va configurando con la ayuda del Espíritu Santo, quien también es el garante para que se dé una verdadera transformación interior. Por otro lado, la celebración de los sacramentos también me ha ayudado a dar un mayor sentido a esta recepción del ministerio del acolitado, en particular la participación en la celebraciones litúrgicas de la Diócesis o de la Parroquia de la Virgen de la Vega me han ido preparando para ser un buen acólito. El ministerio que se me concede no es algo que se me confía únicamente para mí, sino que, es un presente para toda la comunidad diocesana. Deseo llevar a cabo un buen servicio como acólito en las celebraciones litúrgicas que pueda ser un medio del que el Señor se sirva para inspirar nuevas vocaciones al ministerio ordenado entre los jóvenes de nuestras comunidades cristianas.

Otras noticias
  • Sábado 16 de junio a las 19:30h en la Parroquia Virgen de la Vega institución de acólitos de Inocencio Pablo García Ramírez y Jacob David Castillo Acosta.
  • Del 25 al 29 de junio, en Tafira, tendrá lugar el Campamento vocacional organizado por el Seminario Menor para chicos de 12 a 17 años. Para más información, contacta con el Seminario llamando al teléfono 928 356 262 o via Twitter @SemDioCanarias.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de junio de 2018)

El Seminario en tierras majoreras

Tras la interesante experiencia del año pasado en Lanzarote, el fin de semana 21 y 22 de abril el Seminario Diocesano nos trasladamos a Fuerteventura para hacernos presentes en esa Isla y, además, conocer de primera mano su realidad pastoral. Fueron dos días intensos de convivencia en los que, distribuidos por todas las parroquias, pudimos experimentar la fraternal acogida de sus párrocos y de las respectivas comunidades parroquiales, que nos hicieron experimentar su cercanía al Seminario. Desde aquí nuestro agradecimiento a todos ellos. Yeray Martel, seminarista de primera etapa y D. Juan Carlos Medina párroco de Ntra. Sra. del Rosario, en Puerto del Rosario, y arcipreste de Fuerteventura nos relatan lo vivido estos días en tierras majoreras.

Conociendo nuestra diócesis

 Yeray Martel Caballero, seminarista

El pasado día 21 de abril, el Seminario Mayor de la Diócesis de Canarias se trasladó a la Isla hermana de Fuerteventura con motivo del «Encuentro Pascual» celebrado en la localidad de Casillas del Ángel, al que asistieron un centenar de personas entre niños/as, jóvenes y adultos. Fue manifiesta la participación activa en los distintos talleres que se organizaron, donde el caminar como discípulo, el vivir el Evangelio y los nuevos desafíos a los que se enfrenta la Iglesia fueron los temas primordiales. El entusiasmo y la alegría, presentes desde el primer momento, acompañó toda la jornada en la que afloraban las emociones, experiencias y sentimientos fraternos que eran compartidos por todos y para todos. Una celebración litúrgica entusiasta y participativa, en definitiva, una celebración litúrgica viva, puso el broche de oro a este peculiar Encuentro Pascual.

Ya, durante la tarde los seminaristas acompañamos a los distintos sacerdotes que ejercen su función ministerial en la Isla majorera. En las parroquias nos encontramos con gente diversa y con distintas necesidades, pero muy entrañables y acogedoras, donde la figura del seminarista a la par que sorprendía generaba cierto agrado.

En el «día del Señor» y tras las correspondientes celebraciones emprendimos la Ruta Franciscana que nos llevó a lugares emblemáticos como son el Santuario de la Virgen de la Peña, Patrona de la Isla, donde la acogida maternal te invita a todo éxodo de ti mismo para ponerte en manos de la «Madre», y Betancuria, sede de Obispo, con su rico patrimonio histórico-artístico. Después de un almuerzo jovial en dicho municipio, tomamos rumbo al pueblo de La Ampuyenta, donde nos encontramos con la «Capilla Sixtina de Fuerteventura». Se trata de la Ermita de San Pedro de Alcántara, donde los impresionantes frescos y el retablo mayor no dejaron indiferente a nadie de los presentes. Pero si algo hace grande a este emblemático lugar es que fue cuna de Fray Andresito, sencillo franciscano, protector de los desvalidos, que murió en Chile con fama de Santidad, y cuya beatificación está en curso.

Durante la tarde estuvimos en Puerto del Rosario, donde tras degustar un café, hicimos acto de presencia en la celebración de la Eucaristía, abarrotada de fieles que se acercaban a Dios y a la Santa Madre que da nombre al lugar para, posteriormente, exhaustos pero llenos de vivencias regresar a Gran Canaria.

 

Gracias por la visita

 Juan Carlos Medina, arcipreste

El Encuentro Pascual que cada año se viene celebrando en el arciprestazgo de Fuerteventura, y en el que se hacen presente miembros de parroquias de la isla, en esta ocasión, se ha sentido enriquecido con la presencia del Seminario Diocesano.  Durante el encuentro, varios seminaristas y su formador Eloy Santiago animaron unos de los talleres: «El entusiasmo de vivir el Evangelio de la fraternidad» (EG, 179). El resto de los seminaristas participaron en los demás talleres.

Los asistentes tuvieron la ocasión de conocerles de cerca. Finalizado dicho encuentro se distribuyeron entre las distintas parroquias de la isla, con sus respetivos párrocos, donde participaron en las celebraciones, tanto del sábado como del domingo, conociendo así la vida pastoral.

Finalmente, el domingo tras el almuerzo en Betancuria,  se trasladaron a la Iglesia de San Pedro de Alcántara, en Ampuyenta donde conocieron, acompañados de Felipe Bermúdez, miembro de Frater en Fuerteventura, la huella de la Evangelización realizada por los franciscanos en la isla y posteriormente visitaron la casa de Fray Andresito.

Desde el arciprestazgo agradecemos la presencia de nuestro Seminario Diocesano y el testimonio de los seminaristas y su formador en este fin de semana.

 

Otras noticias:

  • El sábado 12 de mayo dos seminaristas mayores, Inocencio Pablo García Ramírez y Jacob David Castillo Acosta, recibirán el MINISTERIO DEL LECTORADO en la Parroquia de San Miguel Arcángel (Valsequillo) a las 19h.
  • Ese mismo día, 12 de mayo, en horas de la mañana, de 10h a 16h, el Seminario Menor celebra la JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS destinada a adolescentes y jóvenes de 12 a 17 años que quieran acercarse y conocer nuestro Seminario menor. Para más información, contacta con el Seminario llamando al teléfono 928 356 262 o via Twitter @SemDioCanarias.
  • Y el sábado 19 de mayo, de 10h a 13h, en las Misioneras Eucarísticas de Nazaret (Nazarenas), de la C/García Tello 4, tendrá lugar un Encuentro vocacional organizado por Pastoral Vocacional.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de mayo de 2018)

 

Un paso más hacia el ministerio

El pasado 19 de marzo, Solemnidad de San José, fueron admitidos a las Sagradas Órdenes cinco seminaristas de nuestra Diócesis. La celebración tuvo lugar en la Parroquia San José Artesano de Lomo Blanco, en Las Palmas de Gran Canaria, y estuvo presidida por nuestro obispo, Don Francisco Cases Andreu. Fue un día de mucha alegría y emoción tanto para los admitidos a Órdenes, que han dado un paso más en su proceso de formación al sacerdocio, como para todo el Seminario, así como un día de esperanza para nuestra Iglesia diocesana.

¿Qué es el rito de admisión a las Sagradas Órdenes? Este rito se realiza cuando consta que el propósito de los aspirantes ha alcanzado la madurez suficiente, apoyado en las dotes necesarias, a juicio tanto del candidato, quien lo manifiesta públicamente en este acto, como de la Iglesia, quien, en la persona del Obispo, acepta la petición de admisión. De esta forma, los candidatos quedan encomendados tanto al Obispo como al pueblo de Dios, que cumplen el mandato del Señor de orar por los trabajadores de la mies. La Iglesia, Madre, acoge la respuesta generosa de sus hijos que deciden entregarse al servicio de Dios y de los hombres, invitándoles a acoger las mediaciones formativas delegadas para este fin. Nuestros cinco seminaristas nos cuentan cómo lo han vivido:

Jonathan Almeida: He vivido la admisión a Órdenes con gran alegría. Para mí, ha supuesto un paso más en la formación hacia el ministerio ordenado, siendo consciente de lo que ello significa: servir a Cristo y a su Iglesia. Doy gracias a Dios por este don inmerecido.

David Castillo: Estos días, en la oración, he estado haciendo un recorrido por la vocación de San José y he podido acoger la admisión a las Sagradas Órdenes como un gran don por el cual, el Señor me llama a hacerme «invisible» para hacer visible a Él. Una vocación para la misión, que no merezco y ante la cual solo puedo expresar una inmensa gratitud, y en la que ha sido indispensable la cercanía y el acompañamiento de toda la comunidad diocesana. Gracias a todos. Espero poder devolverles algún día en la labor pastoral y las oraciones, lo recibido en esta solemnidad de San José, en la que la Santa Madre Iglesia me ha acogido en su seno como candidato al ministerio presbiteral. Gracias también a nuestro obispo y formadores, que nos han guiado hasta este día, como unos padres guían a sus hijos; con caridad.

Inocencio García: El haber recibido la admisión a las Sagradas Órdenes ha supuesto para mí una gran alegría y una invitación a continuar respondiendo a mi vocación y donación a la Iglesia de Canarias.

Jonathan Ravelo: Haber sido admitido a Órdenes por la Santa Madre Iglesia ha supuesto para mí una inmensa alegría, que me lleva a un profundo agradecimiento a Dios y a todas aquellas personas que me han acompañado, y que me siguen acompañando, en este camino de verificación de mi vocación. Este momento lo he vivido también con responsabilidad, ya que me invita a seguir profundizando y perfeccionando todas las dimensiones de la formación sacerdotal para que algún día, si Dios quiere, pueda llegar a ser testigo de Cristo en el mundo como sacerdote.

Gerardo Valbuena: Para mí, celebrar el rito de admisión a Órdenes con mis compañeros y con toda la comunidad cristiana ha sido un motivo de alegría que me alienta a continuar el proceso de formación; un proceso que, aunque no está ausente de dificultades, es apasionante.

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En breve

  • Para los días del Triduo Pascual el Seminario Menor ha organizado una Pascua vocacional en la parroquia de Ntra. Sra. de las Nieves, en El Palmar de Teror.
  • Por otro lado, siguiendo la experiencia positiva del año pasado en Lanzarote, los días 21 y 22 de abril el Seminario nos trasladaremos a Fuerteventura para conocer su realidad social y eclesial, al tiempo que hacer presente el Seminario en la Isla participando del Encuentro insular de Pascua y visitando sus parroquias.
  • Por último queremos agradecer desde estas páginas la acogida y las muestras de cercanía y cariño que hemos recibido en nuestras visitas a numerosas comunidades parroquiales con motivo del Día del Seminario. Ojalá que la preocupación por las vocaciones, en particular las vocaciones sacerdotales, no se reduzca a un solo día en el año, sino que sea una constante en nuestra acción pastoral y en nuestra oración.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de abril de 2018)

«Debemos de poner en el centro de nuestro corazón el Seminario»

En el marco de la campaña del Día del Seminario, el pasado 6 de marzo tenía lugar el tradicional encuentro del Seminario con el Presbiterio de la Diócesis que contó con la participación de D. Sergio Requena Hurtado (Valencia, 1965), Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, quien habló sobre «La vocación al ministerio presbiteral y la pastoral vocacional en el nuevo Plan de formación sacerdotal». Teniendo en cuenta su misión en la Conferencia Episcopal y aprovechando su estancia en nuestras islas le hemos entrevistado.

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Sergio, después de cinco años como Vicerrector del Seminario Mayor de su archidiócesis de Valencia, a finales de septiembre de 2016, la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española le nombraba director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, a la que por cierto pertenece nuestro Obispo D. Francisco Cases, ¿en qué consiste su misión al frente de dicho Secretariado?

  • Veo una cierta continuidad con lo que venía haciendo en el Seminario de mi diócesis. Allí acompañaba como formador a los seminaristas, ahora, desde esta tarea que se me ha encomendado, estoy llamado a servir a los formadores de los seminarios españoles; creo que es lo que mejor define mi trabajo. Entre otras cosas, organizamos una vez al año encuentros nacionales con los rectores y formadores de los seminarios, les ofrecemos apoyo y formación en su tarea. Llevamos adelante la campaña del día del Seminario. Apoyamos el trabajo que desarrollan los delegados de pastoral vocacional y sus equipos… En resumen, es un servicio que se ofrece desde la Conferencia episcopal, en el que se expresa de manera muy clara la preocupación de nuestros obispos por la institución del Seminario y por las vocaciones.

 

La misión que actualmente desempeña en el seno de la Conferencia Episcopal le ofrece una atalaya singular desde la que observar la realidad de los Seminarios en España, ¿qué visión general nos puede dar sobre el «estado de salud» del que gozan de nuestros Seminarios?

  • Creo que en general gozan de buena salud. Hay no obstante diferentes realidades con problemáticas diversas. Entre otros temas que nos preocupan destaca el de la escasez vocacional, pero este aspecto se nota más cuando más pequeño es el Seminario. El desafío es dar siempre una formación de calidad. Por eso, es muy importante el proceso de asimilación de la nueva Ratio Fundamentalis en el que estamos inmersos. En ella se da una especial relevancia a la formación humana, se nos pide que acompañemos al seminarista a alcanzar una personalidad equilibrada, serena y estable.

 

En octubre tendrá lugar en Roma la Asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos que tratará el nada fácil tema de «La fe, los jóvenes y el discernimiento vocacional», el Secretariado que dirige ha estado involucrado en la fase preparatoria que se ha llevado a cabo en nuestro País con la recopilación de las respuestas recibidas al cuestionario enviado a tal fin, ¿qué podría destacar de las respuestas recibidas? ¿cómo se vive el tema discernimiento vocacional entre los jóvenes y en la pastoral de las diócesis españolas?

  • Entre otras cosas, que los jóvenes valoran muy positivamente las diferentes propuestas e iniciativas de la Iglesia para acercarse a ellos, pero piden que dedique más tiempo y personas para escucharlos. En general se echa en falta una mayor cultura vocacional, que oriente a comunidades, familias y jóvenes, logrando así un mayor compromiso en el discernimiento vocacional y un acompañamiento adecuado a los jóvenes.

 

Y ya para acabar esta entrevista, el próximo fin de semana 17 y 18 de marzo se celebra la campaña del Día del Seminario, que este año lleva por lema «Apóstoles para los jóvenes». ¿Qué podría decir sobre esta celebración a nuestros lectores?

  • El día del Seminario nos recuerda que debemos de poner en el centro de nuestro corazón el Seminario y sus necesidades, porque los pastores del mañana merecen todo nuestro cariño y esfuerzo.

 

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de marzo de 2018)

«Apóstoles para los jóvenes»

Partiendo de este lema del Día del Seminario, que es en sí todo un programa para el seminarista y futuro sacerdote, nos hemos acercado al Secretariado de Pastoral Juvenil para conocer la experiencia del sacerdote que les acompaña, Domingo Muñoz Pérez, en su trabajo con los jóvenes, y para saber qué pide el Secretariado, a través de su director, Oliver Díaz Medina, a nuestros seminaristas. Ellos han aceptado la invitación, de lo que le estamos agradecidos, y nos han hecho llegar estas líneas que ahora compartimos con todos ustedes.

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 Vivir el ministerio presbiteral entre jóvenes

Domingo Muñoz Pérez

Mi vida sacerdotal ha estado claramente marcada por mi cercanía con el ámbito juvenil. Y es que en mis primeros pasos de crecimiento en la fe fueron protagonistas los encuentros, convivencias y asambleas de veranos que se organizaban para jóvenes en mi parroquia, a través de la Delegación de juventud. Progresivamente mi proceso de fe fue evolucionando de tal modo que, en el camino, tuve la suerte de compartir experiencia con creyentes y sacerdotes. Estas personas no sólo fueron testigos, sino que, además, me acompañaron con mucho cariño y cercanía, respetando en todo momento mi proceso de descubrimiento y de encuentro con el Señor. Sentía en ellos y en ellas mucho cariño, paciencia y tolerancia, aceptándome íntegramente, con mis debilidades y mis fortalezas. Años después, logré ver en ellos a personas de Dios como Moisés, cuando Dios se le manifestó en la zarza ardiendo diciéndole «quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada» (Ex 3,5).

Tengo claro que mi ministerio no es otra cosa que descalzarme para poder servir mejor a la «tierra sagrada» que son las personas que Dios me va poniendo en el camino. Descubrir en ellos la presencia de Dios y, al mismo tiempo, ofrecerles lo mejor que llevo en mi vida, la alegría de haber dado cabida a Dios en mi historia.

Los jóvenes me han aportado cosas muy buenas para vivir como creyente y pastor. Lo primero y fundamental: vivir auténticamente y con coherencia mi fe. Estar en medio de ellos como uno más; queriendo y aceptando a cada persona como es. Todo esto me lleva a cuestionar mi vida cada día, preguntándome si soy un testigo vivo del Evangelio. Pero si algo me encanta del ser de nuestros jóvenes, es su valentía y su capacidad para arriesgar en la vida. Hoy por hoy, nuestro mundo y nuestra Iglesia temen al cambio, a crear cosas nuevas, a arriesgar y, en definitiva, a apostar ante nuevos retos.

Actualmente, los jóvenes respiran de otra manera distinta a la de antaño. En mi época, hacíamos proceso con los jóvenes. Como bien dice el papa Francisco, para los jóvenes de hoy no vale el método tradicional de encuentros y reuniones semanales. Las personas jóvenes de hoy necesitan tocar realidades; realidades que les cuestionen y, desde ahí, avanzar hacia el Evangelio. Por eso no quieren palabras, necesitan hechos y testigos.

Por tanto, considero que uno de los principales problemas que afronta la Iglesia de hoy es el rechazo de las personas jóvenes hacia nuestra Iglesia, cuestionándose, de manera sistemática, la fe. Cuando miran hacia la Iglesia, la ven pobre en testimonios, sobre todo cuando nuestras comunidades se cierran y se posicionan a la defensiva ante las nuevas realidades y situaciones. En definitiva, nuestra Iglesia tiene miedo a confiar en nuestros jóvenes, responsabilidades, motivo por el cual tenemos un importante reto: construir Iglesia con y para los jóvenes.

Acercarse, escuchar y acompañar para vivir

Oliver Díaz Medina

Queridos seminaristas:

Desde el Secretariado de Pastoral Juvenil de nuestra Diócesis, les queremos felicitar por la jornada tan importante en que recordamos y celebramos el día del Seminario y a ustedes, que se forman en él.

¡Mucho ánimo! en esa preciosa tarea que han decidido empezar a proyectar en sus vidas para ser «Apóstoles para los jóvenes».

Les pedimos, como responsables de la Pastoral Juvenil, tres cosas que no deben dejar pasar en sus vidas cuando estén al frente de las distintas comunidades. Tres cosas que se sintetizan en tres verbos importantes en el trabajo pastoral y, mucho más, en el trabajo pastoral con jóvenes: Acercarse, escuchar y acompañar para vivir.

Acercarse al joven supone tener actitud vital de estar con ellos, de sentirlos como «los preferidos», de estar donde ellos están y compartir con ellos sus inquietudes, sus alegrías y sus fracasos. Solo desde esta clave «cercana», los jóvenes les verán como referentes que animan sus vidas.

Escuchar al joven es hacerse partícipes de sus dudas, de sus miedos, de sus interrogantes para saber qué dicen, cómo piensan y qué piden a la Iglesia. Escuchar para saber, no como sabiduría o erudición, sino para saber cómo amar más y mejor al joven y al mundo que le rodea.

Acompañar al joven para que no se sienta jamás abandonado, solo o excluido. Es el deseo más hondo que anida en la vida del joven: sentirse acompañado para vivir la vida con sentido. ¡Qué ironía de este momento! Cuando más conectados estamos a los demás, a través de cualquier medio, es cuando más soledad se percibe. Por eso, es importante, acompañar, escuchar y acercarse a ellos para ofrecer la Buena Noticia del evangelio como propuesta de sentido y felicidad.

Felicidades, queridos seminaristas. ¡Ánimo! y cuenten con nuestro apoyo y oración para que «el Señor lleve a término la obra buena que ha empezado en ustedes».

En breve
  • Sábado 10 de marzo: Encuentro de Monaguillos en Teror, organizado por el Seminario Menor, y Oración vocacional en la parroquia de S. Telmo a las 20:15h.
  • Lunes 19 de marzo, día de S. José, en la Parroquia de San José Artesano (Lomo Blanco) a las 19h celebración del Rito de admisión a Sagradas Órdenes de los seminaristas: Jonathan Almeida Romero, Gerardo Valbuena Aboid, Inocencio García Ramírez, Jonathan Ravelo Cruz y David Castillo Acosta.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de marzo de 2018)

Encuentro Monaguillos 2018

«Llamados por el rostro de Jesús», también los más jóvenes del Seminario

 

«Llamados por el rostro de Jesús» es el lema que durante el presente curso, en continuidad con el Campamento vocacional del verano pasado, estamos trabajando en el Seminario Menor de nuestra Diócesis; en las convivencias mensuales de fin de semana que tenemos, en las que intentamos conocer más a Jesús, a través de la convivencia y las actividades comunitarias que nos ayudan a crecer en el servicio, en el amor a Dios y a los hermanos. Una experiencia que los seminaristas menores disfrutan de tal manera que cuentan los días hasta la siguiente convivencia. En la pasada convivencia de enero ellos mismos escribieron el artículo que ahora les ofrecemos.

Un lema y un objetivo para el curso

A lo largo de este curso los seminaristas menores nos disponemos buscar el rostro de Jesús en las distintas actividades que realizamos en las convivencias y luego en nuestras casas. Buscamos el rostro de Jesús en el que nos necesita, en nuestros hermanos, en la familia y los amigos, en la oración… para que así, de aquí a final de curso, podamos no sólo descubrir el rostro de Jesús que nos llama, sino ser también nosotros ese rostro para nuestros hermanos. Buscamos crecer como personas y también como cristianos, en el trato con Dios; tener más confianza con Él. Ojalá que al acabar el curso y mirar para atrás veamos que hemos alcanzado estos propósitos y hemos mejorado todos, que seamos más amigos y que podamos enseñar a los demás lo grande que es Dios.

La marcha del curso

Este curso 2017/18 lo hemos comenzado de una manera muy diferente a otros anteriores. ¿Por qué decimos diferente? Porque lo hemos comenzado con más ganas que nunca ya que se han incorporado nuevos compañeros, hemos visitado nuevos lugares y además por volver a encontrarnos con nuestros amigos. De todo lo que hemos realizado hasta el momento queremos destacar una actividad que consideramos la más bonita de todas: cuando fuimos a cantar al Hogar de Ancianos en Tafira Baja durante la convivencia de diciembre. La destacamos simplemente porque con cantar unas típicas y sencillas canciones navideñas alegramos la mañana a los mayores que estaban allí, se les veía en sus caras. Nos llenaba de alegría verles felices cantando con nosotros y tocando las palmas. Como ésta ha habido otras muchas actividades: excursión, como la que hicimos a Agüimes y Arinaga; momentos de estudio, de formación y de oración, incluso una vigilia de adviento; paseos, películas, juegos, deportes…

Unos meses intensos que nos han dejado un buen sabor de boca. De hecho, si esto ha sido así en estos primeros meses, estamos seguros de que los próximos que nos quedan haremos aún más cosas estupendas como el Encuentro de Monaguillos que tendremos en marzo, la Jornada de Puertas Abiertas en mayo y, sobre todo, el Campamento vocacional de finales de junio. Te invitamos a conocernos y participar con nosotros en estas actividades.

Algunos Testimonios:

Este es, en primera persona, el testimonio de algunos de nuestros seminaristas menores: los dos más pequeños y los dos más grandes.

Carlos A. Díaz Alonso (12 años): «Cuando con once años me invitaron a la Jornada de Puertas Abiertas del Seminario Menor descubrí un lugar donde poder mejorar mi relación con Dios y estar abierto a lo que Él me pidiera».

Alejandro J. Moreno Fleitas (12 años): «Mi experiencia en el Seminario ha sido muy buena. Me he encontrado con unos compañeros muy simpáticos que comparten conmigo el amor a Dios, con el que ahora tengo una mayor relación».

Juan Medina Naranjo (17 años): «La entrada al Seminario me permitió conocer más de cerca una realidad diocesana que, aún sintiéndome llamado a estar en ella, desconocía bastante. Me ha ayudado a confirmar mi vocación y continuar estando dispuesto a cumplir la voluntad del Señor en mi vida».

Norberto Quintana Santana (17 años): «A raíz de estos nueve años que llevo en el Seminario Menor me he sentido como si estuviese en mi casa gracias a la experiencia del amor de Dios que he compartido con mis compañeros, abriendo así mi corazón a seguirle».

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Una comunidad de discípulos

Entre las novedades que aportan el documento El don de la vocación presbiteral de la Congregación para el Clero sobre la formación sacerdotal encontramos la nueva denominación de las distintas etapas de la formación inicial llevada a cabo en el Seminario. Así la primera etapa, tradicionalmente denominada «de estudios filosóficos», viene ahora llamada etapa «discipular», «durante la cual se invierten todas las energías posibles para arraigar al seminarista en el seguimiento de Cristo, escuchando su Palabra, conservándola en el corazón y poniéndola en práctica» (n. 62). A continuación presentamos el testimonio los tres seminaristas que se encuentran en dicha etapa discipular y que se han incorporado en este curso a nuestro Seminario.

Alejandro Carmona Arrocha (Arrecife, Lanzarote)

Hola, me llamo Alejandro y soy seminarista de primer curso. Entré al seminario el pasado 7 de septiembre, seguro del paso que estaba dando, pero con alguna duda. ¡Me hacía tantas preguntas! ¿Estaré actuando correctamente? ¿Esto es lo que Dios me pide? ¿Cómo será el seminario? ¿Qué me voy a encontrar? ¿Cómo serán los compañeros? Pero aún así, me fié del Señor, pues sabía que esto era algo entre Él y yo. Cuando entré, me encontré con una comunidad fraterna que, desde el primer día, me hizo sentir como uno más, acogido y querido. Solo han pasado cuatro meses desde entonces, pero, sin embargo, siento como si llevara años en el seminario. Para mí, el seminario se ha convertido en una familia, un regalo de Dios. Es algo que me ha sorprendido gratamente, pero así es Dios, siempre nos sorprende. Y lo ha seguido haciendo durante todo este tiempo a través de pequeños detalles, de pequeños gestos que me han hecho saber que en este proceso de discernimiento el verdadero protagonista es Dios, es Él quien me lleva de la mano, es Él el que nunca me abandona. En estos meses he podido experimentar la felicidad y la paz que se siente al aceptar la voluntad de Dios. Quiero ser sacerdote y entregar mi vida a Dios y al servicio de su pueblo porque he conocido a un Dios que me ha cambiado la vida, que me ha cautivado. Para ello, se que el seminario me ayudará a convertirme en, como dijo el Papa Benedicto XVI el día de su elección, «un humilde trabajador en la viña del Señor». ¡Gracias, Señor, por tus sorpresas agradables! ¡Gloria a Ti por siempre!

Yeray Martel Caballero (Cazadores, Telde)

El Seminario Mayor es una comunidad de vida compartida, formada por jóvenes creyentes que deseamos vivir con ilusión y entusiasmo el espíritu del Evangelio. En esta tarea, seguir a Cristo es una decisión. No se trata tan sólo de ser piadosos, sino más bien es necesario pisar tierra. Los seminaristas no vivimos en un castillo espiritual, se requiere de una base humana. También es cierto que es duro vivir sin amor a Dios, porque el alma queda entonces sumida en las tinieblas y en la pena. Sin embargo, cuando el amor embarga al alma, su alegría es indescriptible. Esa alegría se refleja en el alma de un seminarista, quien como la inmensa mayoría de hombres y mujeres, andamos de prisa y, no obstante, nos detenemos a orar porque sentimos la necesidad de hablar con Dios para decirle a Él lo que nunca diríamos a otros. El Seminario, si bien es una forma de encuentro con Dios, contribuye al enriquecimiento personal del individuo y, ante cualquier interrogante sobre una posible vocación sacerdotal, se erige como el lugar idóneo para despejar dicha incógnita.

Samuel Rubio González (Arbejales, Teror)

Desde la experiencia del tiempo vivido en el seminario, y como si estuviera ojeando un álbum de fotos y recordando cómo ha sido el proceso de mi historia vocacional, me atrevo a sacar unas conclusiones de lo que voy viviendo y quiero vivir: Primero, gratuidad. No creo tener mayor mérito que el cotidiano esfuerzo, muchas veces imperfecto, de querer estar a la altura de las expectativas que Dios, el seminario y la gente que forma parte de mi vida. Segundo, comunitario. No me imagino otro lugar mejor para realizar mi llamada que dentro del seminario y lo que vivo cada día con mis hermanos y formadores. Tercero, con la mirada puesta en ser sacerdote y desde ya ir forjando un corazón semejante al de Cristo Buen Pastor. Cuarto, la vocación como un proceso dinámico, con sus luces y sus sombras, sus aciertos y desaciertos. Leía no hace mucho una cita que decía lo siguiente: «La vocación es como un itinerario con señales de pista. Cada señal te lleva a la siguiente sin saber el término definitivo. Más que un conocimiento del futuro es una correspondencia amorosa. Es una amistad». Después de haber forjado y cimentado la fe en mi familia, en mi comunidad parroquial, etc. Ahora continuo en el Seminario Diocesano de Canarias, donde seguiré dando forma y moldura a la llamada que el Señor me hizo un día.

 Primera etapa 2017-18