Encuentro de seminaristas

El pasado mes de marzo se celebró en la Diócesis hermana de Tenerife el Encuentro de Seminaristas Mayores de Canarias. Los seminarios de ambas diócesis nos juntamos, esta vez en Tenerife, para compartir unos días en los que tuvimos tiempo para conocernos más, compartir experiencias, pasarlo bien, orar juntos y disfrutar de la naturaleza. Este año, y como eco de la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Panamá en enero, y del Sínodo sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, la invitada especial del encuentro fue la Virgen María, que es modelo de respuesta a la llamada de Dios. Samuel y Daniel nos cuentan a continuación su experiencia.

 Samuel Rubio

La compañía amorosa de María, durante todo el encuentro, nos llevó, sin lugar a dudas, a centrarnos en Nuestro Señor Jesucristo, su Hijo. Él, que nos ha llamado a ser obreros de su mies, nos congrega para compartir el regalo más grande que nos ha hecho: la vocación sacerdotal.

Este año le ha tocado a la comunidad del Seminario Diocesano de Tenerife ser los anfitriones. Como cada año, este encuentro dura unos tres o cuatro días, más o menos, coincidiendo con el puente de Carnaval en nuestro Archipiélago. Llegamos el domingo 3 de marzo por la noche. Después de la celebración de vísperas y la cena compartida, nos reunimos para que los que por primera vez asistían a este encuentro se presentaran. Al día siguiente realizamos el triángulo mariano que une la playa de Güimar con Chinguaro y Candelaria, ruta que hicieron los guanches cuando apareció la Virgen. Fue este día un encuentro con María, Nuestra Madre, que finalizó con la celebración de la Eucaristía en la Basílica de Nuestra Señora de Candelaria. Como futuros presbíteros, debemos tomar a María como ejemplo, amarla y confiar en Ella, pues supo estar atenta a la voz de Dios y aceptó con humildad, con sencillez, su voluntad. Ante la imagen de la Virgen de Candelaria, los seminaristas de ambas diócesis le pedimos que nos ayude siempre a ser como Ella, a saber decir «Hágase en mí según tu palabra».

El martes cogimos el barco para ir a la isla de La Gomera y continuar con este encuentro de comunión y fraternidad. Allí pasamos el día poniendo todos los sentidos en la contemplación de la naturaleza, el gran regalo de Dios, al pasar por el Parque Nacional de Garajonay. Ya el miércoles regresamos a Gran Canaria con la ilusión puesta en el encuentro del próximo año, pues ni el frío de La Laguna puede con el calor de la alegría de volvernos a encontrar, sabiendo que durante todo el año mantenemos el contacto orando unos por otros.

Este encuentro, donde nos ponemos en contacto ambos seminarios, me estremece, renueva mi ilusión y me compromete a que en nuestro servicio y trabajo siempre tengamos como estandarte y escudo el cariño y la fraternidad de sentirnos uno con el Padre. Les invito a orar por los dos seminarios de nuestras islas, corazones de ambas diócesis, para que nunca falten vocaciones que hagan presente a Cristo en esta tierra.

Daniel Romero

Esta es la primera vez que participo en este encuentro y ha sido bastante fructífero, no solo por las actividades realizadas en los lugares más destacados de la cristianización de los pueblos aborígenes de Tenerife, sino también por la alegría de conocer a otros que, al igual que yo, se sienten llamados a ser testigos del Señor.

Los ratos de oración eran especiales por su importancia dentro de nuestra vida de fe, pero, más en especial, por saber que todos compartimos una misma fe que nos une a pesar de no conocernos totalmente.

Visitamos la Catedral de La Laguna, la Basílica de la Virgen de Candelaria y el lugar donde llegó por primera vez la imagen de la Virgen de Candelaria, además de tener el grato placer de viajar hasta la isla vecina de La Gomera, en donde observamos unas vistas maravillosas del Teide, de Tenerife, y disfrutamos de todo su paisaje de barrancos impresionantes. En mi caso personal, al ser de Lanzarote, la Gomera resultó ser prácticamente un bosque por su verdor.

Para mí ha sido una experiencia que repetiría, no solo por la compañía de los seminaristas de la diócesis hermana o por sus maravillosos paisajes y actividades, sino por saber que no soy el único «loco» que se plantea el sacerdocio.

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En la Basílica de Candelaria, ante la Patrona de la diócesis hermana Nivariense

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de abril de 2019)