Un nuevo curso, una nueva aventura

Después del verano, el Seminario Diocesano de Canarias inicia un nuevo curso. Este año somos cinco seminaristas y hemos comenzado con mucha ilusión y con muchas ganas, con la confianza puesta en el Señor, sabiendo que Él nunca nos abandona y que siempre cumple sus promesas. Por eso, les invitamos a que oren con nosotros; sacudamos el corazón de Dios con nuestras oraciones, para que de nuestros corazones brote la chispa de la alegría en Dios, de la alegría por el Evangelio y suscite en otros corazones la disponibilidad de dar su «sí». No nos cansemos, pues, de pedir al dueño de la mies que envíe obreros a su mies (cf. Lc 10, 2).

Termina nuestro tiempo de descanso y llega el momento de empezar de nuevo. Y no hay mejor manera de adentrarse en un nuevo curso que de la mano de María porque, como dice San Luis María de Montfort, la devoción a la Virgen María es un medio privilegiado «para encontrar a Jesucristo perfectamente, para amarlo tiernamente y servirlo fielmente» (VD 61). Así, iniciamos esta nueva aventura junto a la Virgen del Pino el pasado 8 de septiembre. A Ella, que es maestra de oración, le pedimos por nuestro Seminario Diocesano para que su amor de madre lleve a muchos jóvenes a encontrarse con su Hijo, Jesús, y a descubrir la vocación a la que son llamados.

El mismo día 8 por la tarde comenzamos los ejercicios espirituales, que nos sirven para detenernos, hacer silencio y poder estar más atentos a la voz del Señor. Meditamos durante los cinco días de ejercicios el tema de la vocación a través de la figura de los profetas. Este año los ejercicios fueron dirigidos por el Rvdo. D. Fernando Ramón, Rector del Seminario Mayor de la Archidiócesis de Valencia, a quien, aprovechando estas líneas, le agradecemos su disponibilidad y el haber sido un instrumento del Señor durante esos días. Compartimos con ustedes nuestras impresiones sobre los ejercicios espirituales:

Daniel Romero de León (etapa discipular): Estos han sido mis segundos ejercicios y los he disfrutado mucho al confirmar cada vez más mi vocación. Me ha maravillado conocer más a estos personajes, los profetas, que ya avecinaban la llegada de un Salvador.

Juan Medina Naranjo (etapa discipular): Los ejercicios espirituales son una ocasión estupenda para encontrarse con Dios. Así, se recuperan fuerzas, se afrontan las dudas y dificultades que la vocación y la propia vida nos presentan, pero, sobre todo, se crece en la relación con Dios: ahondamos un poquito más en el gran misterio de su amor por nosotros, y de esta forma sentimos la necesidad de corresponder al Amor con amor.

Samuel Rubio González (etapa configuradora): Los ejercicios espirituales fueron unos días muy enriquecedores donde meditamos el tema de la llamada y la vocación desde la clave profética. Hemos pedido en estos días la gracia de seguir experimentando la alegría y el gozo de sentirnos llamados por Jesús, el gran profeta, que nos invita a crecer, formarnos y trabajar para en un futuro vivir la misión de la vocación sacerdotal, confiados en la fuerza del Espíritu Santo.

Alejandro Jesús Carmona Arrocha: (etapa configuradora): Los ejercicios espirituales suponen unos días de encuentro fuerte con el Señor a través de la Eucaristía, de la Palabra de Dios y del diálogo íntimo y sincero con Él. Así, el alma sedienta de Dios, la carne con ansia de Él, se sacia en la presencia del Señor. Así lo viví yo durante estos ejercicios. Como a los profetas, Dios nos llama y nos elige desde el vientre materno, y esto es un regalo hermoso. Que el Espíritu Santo siga iluminándonos para adentrarnos en la inmensa belleza de sentirnos llamados a ser los profetas que la Iglesia necesita hoy.

Jacob David Castillo Acosta (etapa pastoral): En estos ejercicios espirituales me he sentido llamado a redescubrir la dimensión profética que todo cristiano está llamado a vivir: un servicio a la Iglesia que brote de la Palabra de Dios y que se haga carne en el servicio a los hermanos. Por tanto, una conversión desde la opción preferencial por los pobres en el compromiso con la realización del Reino en el hoy de nuestras comunidades y siendo una porción de levadura frágil, pequeña y débil que se hace fuerte en la más necesaria que nunca unidad de la Iglesia.

Agradecemos al Rvdo. D. Eloy Alberto Santiago Santiago que, durante cuatro cursos, ha sido formador del Seminario Mayor y Menor. Gracias, Eloy, por tu trabajo y dedicación, por tu cariño y por todo lo que hemos aprendido de ti. Que el Señor te bendiga en tu nueva misión. Y al Rvdo. D. Víctor Manuel Domínguez González le damos con alegría la bienvenida a nuestro Seminario como nuevo formador. Que el Señor te bendiga también a ti en esta nueva tarea de acompañarnos y ayudarnos en el proceso formativo para crecer como discípulos y configurarnos con Cristo Buen Pastor. ¡Bienvenido, Víctor!

A toda la comunidad diocesana, ¡feliz inicio de curso!

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