Misión e identidad

«El carácter singular del ministerio presbiteral1 y la importancia del mismo para la vida de la Iglesia exigen, en quienes han sido llamados a él por el Señor, una formación específica que los capacite para vivir con todas sus exigencias este misterio de gracia y para ejercer con responsabilidad este ministerio de salvación» (Plan de formación sacerdotal para los seminarios mayores, n. 1).

«En el Seminario Mayor los jóvenes que desean acceder al sacerdocio encuentran el medio adecuado para el cuidado y seguimiento de la propia vocación, para el equilibrado desarrollo de su personalidad humana, para la conveniente formación espiritual y doctrinal y para la necesaria instrucción pastoral. La experiencia de la vida comunitaria y el conocimiento y vinculación entre los que están llamados a formar el futuro presbiterio, colaboran a su vez a descubrir en profundidad el misterio de la Iglesia y las exigencias de la fraternidad sacramental» (Plan de formación sacerdotal para los seminarios mayores, n. 2).

La formación para el ministerio presbiteral en el Seminario Mayor tiene varias dimensiones: humana, espiritual, intelectual, pastoral y comunitaria, que están íntimamente unidas entre sí.

Formación humana

«La formación humana del futuro sacerdote viene exigida tanto por la necesaria asimilación de las virtudes propias del hombre, que debe realizar todo cristiano en cuanto tal, como por la madurez humana, que exige el propio ministerio al que está llamado» (Plan de formación sacerdotal para los seminarios mayores, n. 48).

«Es responsabilidad del Seminario favorecer y garantizar en los candidatos al ministerio presbiteral, una personalidad equilibrada y madura, correctamente articulada con la vocación al ministerio presbiteral. La identificación de la persona del seminarista con el ser y ministerio del presbítero diocesano secular es un quehacer esencial del Seminario» (Plan de formación sacerdotal para los seminarios mayores n. 50).

Formación espiritual

«La formación espiritual unifica y fundamenta todas las demás dimensiones y objetivos de la formación del seminarista. Una correcta formación espiritual evitará actitudes y prácticas dualistas, evasiones espiritualistas, la dispersión por el activismo, la reducción del funcionalismo, la superficialidad, el vacío o la pérdida de sentido y cualquier tipo de parcialización de la fe por su sometimiento a intereses o ideologías» (Plan de formación sacerdotal para los seminarios mayores, n. 61)

Formación intelectual

«Los estudios eclesiásticos, sin perder su carácter rigurosamente científico, tienden, por la finalidad propia del Seminario, a que la fe de los futuros presbíteros se desarrolle en dos vertientes: la vivencia íntima, contemplación y progresiva incorporación al misterio de Cristo, y la proyección apostólica, testimonio, acción intraeclesial, misión evangelizadora entre los alejados y no creyentes y la presencia sacramental en medio del mundo. Así, la formación intelectual se ve plenamente integrada, como una de sus dimensiones fundamentales, en el proceso educativo global y unitario del seminarista» (Plan de formación sacerdotal para los seminarios mayores, n. 91)

Formación pastoral

«La razón de ser del Seminario, en cualquiera de sus realizaciones, estriba en formar pastores. En consecuencia, todo debe apuntar a que el seminarista aprenda a reproducir el modo de vivir y actuar de Cristo Pastor en el ejercicio del ministerio. La formación pastoral, por tanto, además de introducir en las actividades propias del presbítero como pastor, precisará el modo en que estas actividades han de realizarse, en función de la situación actual del mundo y de la Iglesia» (Plan de formación sacerdotal para seminarios mayores, n. 117).

Formación comunitaria

«La formación comunitaria ha ido adquiriendo, cada vez más, una gran importancia en los procesos formativos de los futuros presbíteros. La descripción del Seminario como comunidad humana, diocesana, eclesial y educativa, en camino, no hace sino recoger esta creciente preocupación y da pie a su vez para que pase de ser considerado como un medio de formación a convertirse en una dimensión formativa que ha de ser cultivada cuidadosamente, porque favorece toda la formación y evita deficiencias que pudieran aparecer […] Por eso, diferentes y complementarias razones de índole antropológica, cristológica, eclesiológica y pedagógica expresan que lo comunitario es una dimensión que requiere atención particular» (Plan de formación sacerdotal para los seminarios mayores, n. 145).

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