«Apóstoles para los jóvenes»

Partiendo de este lema del Día del Seminario, que es en sí todo un programa para el seminarista y futuro sacerdote, nos hemos acercado al Secretariado de Pastoral Juvenil para conocer la experiencia del sacerdote que les acompaña, Domingo Muñoz Pérez, en su trabajo con los jóvenes, y para saber qué pide el Secretariado, a través de su director, Oliver Díaz Medina, a nuestros seminaristas. Ellos han aceptado la invitación, de lo que le estamos agradecidos, y nos han hecho llegar estas líneas que ahora compartimos con todos ustedes.

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 Vivir el ministerio presbiteral entre jóvenes

Domingo Muñoz Pérez

Mi vida sacerdotal ha estado claramente marcada por mi cercanía con el ámbito juvenil. Y es que en mis primeros pasos de crecimiento en la fe fueron protagonistas los encuentros, convivencias y asambleas de veranos que se organizaban para jóvenes en mi parroquia, a través de la Delegación de juventud. Progresivamente mi proceso de fe fue evolucionando de tal modo que, en el camino, tuve la suerte de compartir experiencia con creyentes y sacerdotes. Estas personas no sólo fueron testigos, sino que, además, me acompañaron con mucho cariño y cercanía, respetando en todo momento mi proceso de descubrimiento y de encuentro con el Señor. Sentía en ellos y en ellas mucho cariño, paciencia y tolerancia, aceptándome íntegramente, con mis debilidades y mis fortalezas. Años después, logré ver en ellos a personas de Dios como Moisés, cuando Dios se le manifestó en la zarza ardiendo diciéndole «quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada» (Ex 3,5).

Tengo claro que mi ministerio no es otra cosa que descalzarme para poder servir mejor a la «tierra sagrada» que son las personas que Dios me va poniendo en el camino. Descubrir en ellos la presencia de Dios y, al mismo tiempo, ofrecerles lo mejor que llevo en mi vida, la alegría de haber dado cabida a Dios en mi historia.

Los jóvenes me han aportado cosas muy buenas para vivir como creyente y pastor. Lo primero y fundamental: vivir auténticamente y con coherencia mi fe. Estar en medio de ellos como uno más; queriendo y aceptando a cada persona como es. Todo esto me lleva a cuestionar mi vida cada día, preguntándome si soy un testigo vivo del Evangelio. Pero si algo me encanta del ser de nuestros jóvenes, es su valentía y su capacidad para arriesgar en la vida. Hoy por hoy, nuestro mundo y nuestra Iglesia temen al cambio, a crear cosas nuevas, a arriesgar y, en definitiva, a apostar ante nuevos retos.

Actualmente, los jóvenes respiran de otra manera distinta a la de antaño. En mi época, hacíamos proceso con los jóvenes. Como bien dice el papa Francisco, para los jóvenes de hoy no vale el método tradicional de encuentros y reuniones semanales. Las personas jóvenes de hoy necesitan tocar realidades; realidades que les cuestionen y, desde ahí, avanzar hacia el Evangelio. Por eso no quieren palabras, necesitan hechos y testigos.

Por tanto, considero que uno de los principales problemas que afronta la Iglesia de hoy es el rechazo de las personas jóvenes hacia nuestra Iglesia, cuestionándose, de manera sistemática, la fe. Cuando miran hacia la Iglesia, la ven pobre en testimonios, sobre todo cuando nuestras comunidades se cierran y se posicionan a la defensiva ante las nuevas realidades y situaciones. En definitiva, nuestra Iglesia tiene miedo a confiar en nuestros jóvenes, responsabilidades, motivo por el cual tenemos un importante reto: construir Iglesia con y para los jóvenes.

Acercarse, escuchar y acompañar para vivir

Oliver Díaz Medina

Queridos seminaristas:

Desde el Secretariado de Pastoral Juvenil de nuestra Diócesis, les queremos felicitar por la jornada tan importante en que recordamos y celebramos el día del Seminario y a ustedes, que se forman en él.

¡Mucho ánimo! en esa preciosa tarea que han decidido empezar a proyectar en sus vidas para ser «Apóstoles para los jóvenes».

Les pedimos, como responsables de la Pastoral Juvenil, tres cosas que no deben dejar pasar en sus vidas cuando estén al frente de las distintas comunidades. Tres cosas que se sintetizan en tres verbos importantes en el trabajo pastoral y, mucho más, en el trabajo pastoral con jóvenes: Acercarse, escuchar y acompañar para vivir.

Acercarse al joven supone tener actitud vital de estar con ellos, de sentirlos como «los preferidos», de estar donde ellos están y compartir con ellos sus inquietudes, sus alegrías y sus fracasos. Solo desde esta clave «cercana», los jóvenes les verán como referentes que animan sus vidas.

Escuchar al joven es hacerse partícipes de sus dudas, de sus miedos, de sus interrogantes para saber qué dicen, cómo piensan y qué piden a la Iglesia. Escuchar para saber, no como sabiduría o erudición, sino para saber cómo amar más y mejor al joven y al mundo que le rodea.

Acompañar al joven para que no se sienta jamás abandonado, solo o excluido. Es el deseo más hondo que anida en la vida del joven: sentirse acompañado para vivir la vida con sentido. ¡Qué ironía de este momento! Cuando más conectados estamos a los demás, a través de cualquier medio, es cuando más soledad se percibe. Por eso, es importante, acompañar, escuchar y acercarse a ellos para ofrecer la Buena Noticia del evangelio como propuesta de sentido y felicidad.

Felicidades, queridos seminaristas. ¡Ánimo! y cuenten con nuestro apoyo y oración para que «el Señor lleve a término la obra buena que ha empezado en ustedes».

En breve
  • Sábado 10 de marzo: Encuentro de Monaguillos en Teror, organizado por el Seminario Menor, y Oración vocacional en la parroquia de S. Telmo a las 20:15h.
  • Lunes 19 de marzo, día de S. José, en la Parroquia de San José Artesano (Lomo Blanco) a las 19h celebración del Rito de admisión a Sagradas Órdenes de los seminaristas: Jonathan Almeida Romero, Gerardo Valbuena Aboid, Inocencio García Ramírez, Jonathan Ravelo Cruz y David Castillo Acosta.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de marzo de 2018)

Encuentro Monaguillos 2018

«Llamados por el rostro de Jesús», también los más jóvenes del Seminario

 

«Llamados por el rostro de Jesús» es el lema que durante el presente curso, en continuidad con el Campamento vocacional del verano pasado, estamos trabajando en el Seminario Menor de nuestra Diócesis; en las convivencias mensuales de fin de semana que tenemos, en las que intentamos conocer más a Jesús, a través de la convivencia y las actividades comunitarias que nos ayudan a crecer en el servicio, en el amor a Dios y a los hermanos. Una experiencia que los seminaristas menores disfrutan de tal manera que cuentan los días hasta la siguiente convivencia. En la pasada convivencia de enero ellos mismos escribieron el artículo que ahora les ofrecemos.

Un lema y un objetivo para el curso

A lo largo de este curso los seminaristas menores nos disponemos buscar el rostro de Jesús en las distintas actividades que realizamos en las convivencias y luego en nuestras casas. Buscamos el rostro de Jesús en el que nos necesita, en nuestros hermanos, en la familia y los amigos, en la oración… para que así, de aquí a final de curso, podamos no sólo descubrir el rostro de Jesús que nos llama, sino ser también nosotros ese rostro para nuestros hermanos. Buscamos crecer como personas y también como cristianos, en el trato con Dios; tener más confianza con Él. Ojalá que al acabar el curso y mirar para atrás veamos que hemos alcanzado estos propósitos y hemos mejorado todos, que seamos más amigos y que podamos enseñar a los demás lo grande que es Dios.

La marcha del curso

Este curso 2017/18 lo hemos comenzado de una manera muy diferente a otros anteriores. ¿Por qué decimos diferente? Porque lo hemos comenzado con más ganas que nunca ya que se han incorporado nuevos compañeros, hemos visitado nuevos lugares y además por volver a encontrarnos con nuestros amigos. De todo lo que hemos realizado hasta el momento queremos destacar una actividad que consideramos la más bonita de todas: cuando fuimos a cantar al Hogar de Ancianos en Tafira Baja durante la convivencia de diciembre. La destacamos simplemente porque con cantar unas típicas y sencillas canciones navideñas alegramos la mañana a los mayores que estaban allí, se les veía en sus caras. Nos llenaba de alegría verles felices cantando con nosotros y tocando las palmas. Como ésta ha habido otras muchas actividades: excursión, como la que hicimos a Agüimes y Arinaga; momentos de estudio, de formación y de oración, incluso una vigilia de adviento; paseos, películas, juegos, deportes…

Unos meses intensos que nos han dejado un buen sabor de boca. De hecho, si esto ha sido así en estos primeros meses, estamos seguros de que los próximos que nos quedan haremos aún más cosas estupendas como el Encuentro de Monaguillos que tendremos en marzo, la Jornada de Puertas Abiertas en mayo y, sobre todo, el Campamento vocacional de finales de junio. Te invitamos a conocernos y participar con nosotros en estas actividades.

Algunos Testimonios:

Este es, en primera persona, el testimonio de algunos de nuestros seminaristas menores: los dos más pequeños y los dos más grandes.

Carlos A. Díaz Alonso (12 años): «Cuando con once años me invitaron a la Jornada de Puertas Abiertas del Seminario Menor descubrí un lugar donde poder mejorar mi relación con Dios y estar abierto a lo que Él me pidiera».

Alejandro J. Moreno Fleitas (12 años): «Mi experiencia en el Seminario ha sido muy buena. Me he encontrado con unos compañeros muy simpáticos que comparten conmigo el amor a Dios, con el que ahora tengo una mayor relación».

Juan Medina Naranjo (17 años): «La entrada al Seminario me permitió conocer más de cerca una realidad diocesana que, aún sintiéndome llamado a estar en ella, desconocía bastante. Me ha ayudado a confirmar mi vocación y continuar estando dispuesto a cumplir la voluntad del Señor en mi vida».

Norberto Quintana Santana (17 años): «A raíz de estos nueve años que llevo en el Seminario Menor me he sentido como si estuviese en mi casa gracias a la experiencia del amor de Dios que he compartido con mis compañeros, abriendo así mi corazón a seguirle».

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Una comunidad de discípulos

Entre las novedades que aportan el documento El don de la vocación presbiteral de la Congregación para el Clero sobre la formación sacerdotal encontramos la nueva denominación de las distintas etapas de la formación inicial llevada a cabo en el Seminario. Así la primera etapa, tradicionalmente denominada «de estudios filosóficos», viene ahora llamada etapa «discipular», «durante la cual se invierten todas las energías posibles para arraigar al seminarista en el seguimiento de Cristo, escuchando su Palabra, conservándola en el corazón y poniéndola en práctica» (n. 62). A continuación presentamos el testimonio los tres seminaristas que se encuentran en dicha etapa discipular y que se han incorporado en este curso a nuestro Seminario.

Alejandro Carmona Arrocha (Arrecife, Lanzarote)

Hola, me llamo Alejandro y soy seminarista de primer curso. Entré al seminario el pasado 7 de septiembre, seguro del paso que estaba dando, pero con alguna duda. ¡Me hacía tantas preguntas! ¿Estaré actuando correctamente? ¿Esto es lo que Dios me pide? ¿Cómo será el seminario? ¿Qué me voy a encontrar? ¿Cómo serán los compañeros? Pero aún así, me fié del Señor, pues sabía que esto era algo entre Él y yo. Cuando entré, me encontré con una comunidad fraterna que, desde el primer día, me hizo sentir como uno más, acogido y querido. Solo han pasado cuatro meses desde entonces, pero, sin embargo, siento como si llevara años en el seminario. Para mí, el seminario se ha convertido en una familia, un regalo de Dios. Es algo que me ha sorprendido gratamente, pero así es Dios, siempre nos sorprende. Y lo ha seguido haciendo durante todo este tiempo a través de pequeños detalles, de pequeños gestos que me han hecho saber que en este proceso de discernimiento el verdadero protagonista es Dios, es Él quien me lleva de la mano, es Él el que nunca me abandona. En estos meses he podido experimentar la felicidad y la paz que se siente al aceptar la voluntad de Dios. Quiero ser sacerdote y entregar mi vida a Dios y al servicio de su pueblo porque he conocido a un Dios que me ha cambiado la vida, que me ha cautivado. Para ello, se que el seminario me ayudará a convertirme en, como dijo el Papa Benedicto XVI el día de su elección, «un humilde trabajador en la viña del Señor». ¡Gracias, Señor, por tus sorpresas agradables! ¡Gloria a Ti por siempre!

Yeray Martel Caballero (Cazadores, Telde)

El Seminario Mayor es una comunidad de vida compartida, formada por jóvenes creyentes que deseamos vivir con ilusión y entusiasmo el espíritu del Evangelio. En esta tarea, seguir a Cristo es una decisión. No se trata tan sólo de ser piadosos, sino más bien es necesario pisar tierra. Los seminaristas no vivimos en un castillo espiritual, se requiere de una base humana. También es cierto que es duro vivir sin amor a Dios, porque el alma queda entonces sumida en las tinieblas y en la pena. Sin embargo, cuando el amor embarga al alma, su alegría es indescriptible. Esa alegría se refleja en el alma de un seminarista, quien como la inmensa mayoría de hombres y mujeres, andamos de prisa y, no obstante, nos detenemos a orar porque sentimos la necesidad de hablar con Dios para decirle a Él lo que nunca diríamos a otros. El Seminario, si bien es una forma de encuentro con Dios, contribuye al enriquecimiento personal del individuo y, ante cualquier interrogante sobre una posible vocación sacerdotal, se erige como el lugar idóneo para despejar dicha incógnita.

Samuel Rubio González (Arbejales, Teror)

Desde la experiencia del tiempo vivido en el seminario, y como si estuviera ojeando un álbum de fotos y recordando cómo ha sido el proceso de mi historia vocacional, me atrevo a sacar unas conclusiones de lo que voy viviendo y quiero vivir: Primero, gratuidad. No creo tener mayor mérito que el cotidiano esfuerzo, muchas veces imperfecto, de querer estar a la altura de las expectativas que Dios, el seminario y la gente que forma parte de mi vida. Segundo, comunitario. No me imagino otro lugar mejor para realizar mi llamada que dentro del seminario y lo que vivo cada día con mis hermanos y formadores. Tercero, con la mirada puesta en ser sacerdote y desde ya ir forjando un corazón semejante al de Cristo Buen Pastor. Cuarto, la vocación como un proceso dinámico, con sus luces y sus sombras, sus aciertos y desaciertos. Leía no hace mucho una cita que decía lo siguiente: «La vocación es como un itinerario con señales de pista. Cada señal te lleva a la siguiente sin saber el término definitivo. Más que un conocimiento del futuro es una correspondencia amorosa. Es una amistad». Después de haber forjado y cimentado la fe en mi familia, en mi comunidad parroquial, etc. Ahora continuo en el Seminario Diocesano de Canarias, donde seguiré dando forma y moldura a la llamada que el Señor me hizo un día.

 Primera etapa 2017-18

¡Un nuevo presbítero!

¡Nuestra Diócesis quiere cerrar el año con broche de oro! Y es que el sábado 30 de diciembre será ordenado presbítero el diácono Pedro Luis Martínez Rodríguez, a las 11:00 h. en la S.I.B. Catedral de Santa Ana. Con gran gozo y alegría queremos invitar a toda la comunidad diocesana a participar de esta gran celebración y a orar por Pedro y su nuevo ministerio. Con motivo de su ordenación, le hemos invitado a que, desde Roma, donde se encuentra actualmente cursando estudios de teología bíblica, comparta con nosotros sus sentimientos en estos momentos previos a recibir las sagradas órdenes. También hemos querido escuchar el testimonio de su madre, Doña Rafaela Rodríguez, y el del cura que lo acompañó en su etapa pastoral, D. José Domínguez.

 

Pedro Luis Martínez Rodríguez

Estoy próximo, Dios mediante, a iniciar una etapa en mi vida realmente maravillosa, ¡¡¡voy a ser ordenado sacerdote!!! Se agolpan muchas emociones y, a la vez, la serenidad interior de quien se sabe llamado a una misión muy especial. Echo la mirada hacia atrás y veo un maravilloso camino que se inició hace ya bastantes años, pero que empezó a tomar forma aquella primavera de 2011 cuando, gracias a la insistencia de mi párroco Juan Maria Mena, llegué por primera vez al Seminario Diocesano la Inmaculada Concepción, en Lomo Blanco. No pensaba yo que mi camino de discípulo me llevara al sacerdocio, pero, como siempre en mi vida, para el Señor todas mis sendas le son familiares.

Tanto que agradecer a Dios, tanto que agradecer a tantas personas, que si las enumero, me dejaré alguna, y me sentiré fatal. Agradecer a nuestro Obispo, don Francisco Cases Andreu, la confianza que siempre me ha mostrado, así como su testimonio de vida, para mí un ejemplo; ser pastor en la Iglesia no es nada fácil, menos en estos tiempos. Una mención también al equipo de formadores del Seminario, en particular para don Salvador Santana, mi rector todos estos años, que siempre ha confiado en mí y en todo me ha ayudado.

Hay muchos sacerdotes a quien debo agradecer su testimonio, su ministerio, que han hecho que crezca en mí el deseo de seguir a Jesus a través del servicio al pueblo de Dios, en esta maravillosa porción del mismo que se encuentra en esta bendita tierra canaria.

Un pequeño recuerdo a los párrocos que en estos años de formación me han acompañado y me han reforzado en mi vocación: don Roberto Espinosa, párroco del Santísimo Cristo de Guanarteme; y don José Dominguez, párroco de Santo Domingo de Guzmán, donde he desarrollado mi última etapa pastoral, con una implicación mayor en la vida de la comunidad. ¿Qué puedo decir de la comunidad de Santo Domingo y de su párroco? No acabaría de agradecer tanto. Una comunidad viva y un cura increíble, un espejo donde mirarse. En último lugar dejo la primera comunidad donde estuve y a la que tanto quiero, la parroquia de Nuestra Señora la Virgen de la Vega. Una comunidad a la que estoy tan agradecido y al que entonces era su párroco, muy especial para mí, don Policarpo Delgado, o Poli; que está intercediendo por todos, siempre tan sonriente. Él estaría tanto o más feliz que yo; él tiene «gran culpa» de que yo este hoy aquí.

El sacerdocio es un don que uno, desde la humildad y sencillez de vida, intenta ofrecer al Pueblo de Dios. No hay nada más maravilloso, nada que llene más una vida, que sentirse amado por padre Dios, llamado a entregar la vida a Él y al pueblo de Dios y hacerlo a través del sacerdocio. Dios no quita nada, al contrario da todo.

No se puede pedir más o bueno sí, ¡¡¡dos cosas!!! El día 30 de diciembre seré, Dios mediante, ordenado sacerdote, en nuestra maravillosa Catedral de Santa Ana, a las 11h. Me encantaría que me acompañaran, es la comunidad la que hace grande a la Iglesia, no las iglesias grandes quien engrandece a las comunidades. Pero, aparte de su asistencia, en les pido su oración; pidan que sea un hombre honesto, sencillo, cercano, humilde, que sepa escuchar al pueblo de Dios. La oración es el motor de la vida cristiana. Gracias y nos vemos.

Pedro diácono

El testimonio de una madre, Doña Rafael Rodríguez

El próximo día 30 de diciembre culminará para mi hijo Pedro Luis un camino que  emprendió hace unos cuantos años. En ese camino le hemos acompañado su familia, sus amigos y todas las personas que han contribuido a su formación en todas y cada una de las etapas que él ha tenido que superar a nivel personal. Para todos ha supuesto un ejercicio de superación constante, que no ha tenido otra finalidad ni otro objeto que intentar adaptarnos con el entorno que le ha ido rodeando y forjando durante todo este tiempo.

Para mí en particular, como madre, ha sido un orgullo estar a su lado durante este tiempo que ha transcurrido en un abrir y cerrar de ojos; parece que fue ayer cuando, viviendo en Fuerteventura, Pedro vino a vivir con nosotros y allí encontró en la persona de Juan María, párroco en Corralejo, el punto de apoyo que necesitaba para dar curso a la inquietud que había nacido en su corazón y que desembocaría en su ingreso en el Seminario y ahora su ordenación. En este tiempo le hemos visto crecer y afianzarse en su fe y en su humanidad.

Esperamos que ese día sea una gran fiesta y todos nosotros acudamos con ilusión grande y amor. Gracias Pedro Luis por hacernos participes de tu vida cristiana y que el Señor te bendiga y te acompañe; se que así será.

Las palabras del sacerdote acompañante, D. José Domínguez

Me siento agradecido al Señor por concedernos, a mí y a la parroquia de Santo Domingo, el poder contribuir a la maduración pastoral de Pedro, al tiempo que vernos enriquecidos con su testimonio vocacional; algunos jóvenes incluso se han sentido interpelados vocacionalmente. Ciertamente es una gracia del Señor para nuestra Iglesia diocesana en estos momentos de sequía vocacional al ministerio presbiteral. Por último, al tiempo que felicito a Pedro, recordarle que la perseverancia es un don del Señor, mientras que la conversión personal y pastoral es una tarea diaria para la que contamos con toda la Iglesia. ¡Felicidades!

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de diciembre de 2017)

El don de la vocación presbiteral

Éste es el título que la Congregación para el Clero, la instancia vaticana encargada, entre otros asuntos, de los temas relativos a los seminarios y al clero, publicaba la nueva Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis el pasado 8 de diciembre de 2016. Un documento que recoge las líneas principales por lo que se refiere a la formación sacerdotal: tanto la formación inicial, la que se recibe en el Seminario, como la permanente, que acompaña toda la vida del sacerdote.

La misma Congregación para el Clero organizó en Roma, en octubre pasado, un Congreso Internacional sobre la nueva Ratio en el participaron numerosos Obispos y Rectores de todo el mundo, y que concluyó con una audiencia concedida por el Santo Padre. Entre los que fueron invitados a participar de España, encabezados por Mons. Joan-Enric Vives, Obispo presidente de la Subcomisión episcopal de Seminarios, se encontraba nuestro rector, Salvador Santana, a quien hemos pedido que comparta con nosotros sus vivencias de esos días.

Salvador Santana

Durante los días 4 al 7 de Octubre se celebró en Roma el Congreso Internacional sobre la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis. «El don de la vocación presbiteral». Tuve la gracia de participar en el mismo como miembro de la Comisión de los Seminarios de España que preside Mons. Joan-Enric Vives.

Ha sido una experiencia de trabajo serio e intenso, muy rica en contenido, a la vez enriquecedora al compartir experiencias con el conjunto de los participantes. Todos los ponentes fueron grandes testimonios eclesiales del momento actual que vive la Iglesia universal.

En forma de una breve síntesis, aprovecho esta oportunidad, para compartir, en particular, las grandes líneas generales del citado Documento por lo que se refiere a la formación inicial o los años de seminario. Este proceso consta de cuatro etapas:

  • Propedéutica: Se trata de un primer momento fundamental para el proceso del futuro seminarista. Conlleva la vida comunitaria, espiritual y el discernimiento vocacional. En este primer momento se pretende alcanzar un mayor autoconocimiento de sí mismo y una vida seria de oración y espiritualidad. A ser posible, debe realizarse en un lugar fuera del Seminario y con un sacerdote acompañante.
  • Discipular o de estudios filosóficos: el discipulado ha de ser una nota distintiva que marque el itinerario de toda la vida. No se trata de una conquista personal, ni formar burócratas o funcionarios, sino de discípulos que caminan en el mismo camino de su Señor. Es una experiencia discipular que acerca a Cristo y le mete en su corazón; que acompañar toda la vida y abarca a toda la persona. En ella se ha de destacar la formación humana. El discípulo del Siervo y Buen Pastor es llamado a asumir todo lo humano de Cristo.
  • Configuradora o de estudios teológicos: el Seminario está para formar discípulos misioneros configurados con Cristo. Se trata de un futuro pastor que se va configurando con Cristo: lo busca, lo conoce, lo ama y lo sigue. Como afirma el Papa Francisco: «Su corazón se tiene que conmover ante sus ovejas como servidor de todos».
  • Pastoral o de síntesis vocacional: en esta etapa hay que exigir el alcance del discernimiento sobre sí mismo y sobre el ámbito pastoral. En el ámbito personal buscando la voluntad de Dios, cuidando la propia interioridad. Es un camino permanente de dones y fragilidades que hay que reconocer, asumir e integrar. El seminarista en esta etapa ha de ser consciente de que él mismo es un paralítico curado que acepta sentirse cargo de su destino: estar cerca de los abandonados.

Cada una de estas etapas ha de integrar durante todo el proceso formativo las siguientes dimensiones: humana, espiritual, intelectual y pastoral. Además, todo inserto en un único proceso de formación con estas características: único, integral, comunitario y misionero. Se trata de un proceso integral y progresivo que dura toda la vida del presbítero, y que se distingue en dos fases: inicial y permanente. La inicial se desarrolla en el Seminario, y la permanente, utilizando la etapa pastoral como puente para la ella, que, como bien se insiste, dura toda la vida del sacerdote.

Esta es la misión del Seminario: formar pastores, discípulos misioneros, amigos íntimos del Señor. Hombres que tengan la mirada y los sentimientos de Cristo Jesús, como pastores y samaritanos del pueblo de Dios. Llamados a reproducir los gestos y palabras de Jesús, Siervo y Pastor. La Ratio Fundamentalis nos invita a crear una espiritualidad sacerdotal desde la pastoral presbiteral.

Concluyo insistiendo en la importancia de la formación con las palabras que el Papa Francisco nos dirigió en la audiencia que tuvimos el último día: «El tema de la formación sacerdotal es crucial para la misión de la Iglesia: la renovación de la fe y el futuro de las vocaciones sólo es posible si tenemos sacerdotes bien formados».

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de noviembre de 2017)

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Salvador Santana, junto a Mons. Jorge Patrón y otro Rectores en una de ls reunioes de los grupos de trabajjo

«Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo»

Mi nombre es Gerardo, tengo 24 años y soy seminarista de sexto curso. Tuve el placer, junto a dos compañeros míos: Jonathan Almeida y Jonathan Ravelo, de asistir a la Asamblea Nacional de Laicos de Parroquia, organizada por Acción Católica General, los días 3 y 6 de agosto en Santiago de Compostela.

Lo que viví esos tres días fue un derroche de espíritu eclesial y misionero; adultos, jóvenes y niños dispuestos a formarse y congregarse para llevar a cabo una necesaria y urgente renovación pastoral en la que, sin lugar a duda, los laicos tienen un papel protagonista.

Me llamó bastante la atención la capacidad de convocatoria que tuvo el encuentro (¡casi mil personas!), la organización tan exquisita, el apoyo del episcopado español y, sobre todo, la madurez espiritual y el compromiso de muchos militantes jóvenes, de mi edad, que están dispuestos a trabajar por el Reino de Dios en el mundo.

Sin duda, este encuentro me enseñó la importancia que tiene la Acción Católica, con todos sus movimientos especializados, en la formación, compromiso y espiritualidad de un laicado para el mundo de hoy.

Personalmente, como joven cristiano, aproveché el encuentro para estar con gente de mi edad que tienen inquietudes semejantes. Si de algo concreto me debo quedar es con el taller que nos hicieron unas chicas de la Archidiócesis de Barcelona, Blanca y Rocío, sobre la Revisión de Vida (Ver-Juzgar-Actuar). Nos enseñaban, a casi 30 jóvenes que éramos de cada grupo, a hacerla y nos mostraban  lo importante que es en sus vidas; y no en la de ellas solas, sino en muchos de los que estábamos escuchando. Para mí fue como un soplo de esperanza y me decía una y otra vez: los jóvenes en la Iglesia no estamos solos, quizás somos pocos, pero no estamos solos.

Me llevo una conclusión vital para mí: el futuro de la renovación pastoral pasa por la militancia cristiana, es decir, por cristianos que se congreguen en pequeños grupos de vida para formarse y hacer una lectura creyente de la realidad para, así, transformarla.

Desde la comunidad del Seminario Diocesano de Canarias agradecemos de corazón la amabilidad y hospitalidad que los militantes de la Acción Católica General de la Diócesis han tenido con nosotros.

ACG Santiago 2017

 

Iniciando un nuevo curso

  • Como es habitual, el 7 de septiembre volvíamos al Seminario después de un reconfortante verano, un tiempo para la familia, los amigos y el descanso. El reencuentro estuvo marcado por la acogida a los que se han incorporado este año: Alejandro Carmona Arrocha, de Lanzarote, Inocencio García Ramírez, de Las Palmas de Gran Canaria, y Yeray Martel Caballero, de Telde.
  • El viernes 8 de septiembre, fiesta de la Patrona de nuestra Diócesis, la Bienaventurada Virgen del Pino, tuvimos la ocasión de participar en la solemne Eucaristía presidida por nuestro Obispo en la Basílica mariana de Teror y así encomendarnos al inicio de un nuevo curso a nuestra Madre, la Virgen del Pino.
  • También en estos días, del domingo 10 al viernes 15 de septiembre, tuvimos los Ejercicios Espirituales en las casa de las Javerianas, de la Atalaya de Santa Brígida. Fueron días intensos de encuentro con el Señor acompañados por D. Pedro López de la Manzanara, quien hasta este curso y durante once años ha sido Rector del Seminario de la Diócesis de Ciudad Real. Desde estas líneas le agradecemos sus reflexiones y su presencia entre nosotros.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de septiembre-octubre de 2017)

Mis años en el Seminario

En este año un nutrido grupo de sacerdotes de nuestra diócesis están celebrando sus 25 y 50 años de ordenación sacerdotal, 7 y 6 presbíteros respectivamente. Es un motivo para dar gracias a Dios que ha mantenido a estos curas en su servicio durante tantos años y, también, a ellos por la labor pastoral realizada y que, en su mayoría, siguen realizando.

Desde el Seminario nos unimos gozosos a estas efemérides invitando a uno de los que celebran sus Bodas de Oro, D. Manuel Hernández Navarro, Párroco de S. Juan Apóstol y Evangelista (Cruce de Sardina), a que comparta con nosotros sus vivencias de los años de Seminario, primeramente en Vegueta y, sucesivamente, en los entonces recién estrenados pabellones de Tafira, construidos con tanto entusiasmo y dedicación por Mons. Antonio Pildain Zapiain, en aquel momento Obispo de Canarias.

 

Manuel Hernández Navarro, párroco

Con motivo de las bodas de oro de la ordenación sacerdotal, del Seminario me han invitado a recordar algunas vivencias de mi estancia en el Seminario.

El 8 de noviembre de 1954 entramos en el  Seminario de la calle Dr. Chil 24 chicos, la mayoría de doce años, para comenzar el 1er curso de Latín y Humanidades. Nos conocíamos un poco porque en verano tuvimos una semana de convivencia en el mismo Seminario.

Los cinco cursos de Latín y Humanidades los realizamos en Las Palmas. Comenzamos los tres cursos de Filosofía, estrenando el Seminario Nuevo de Tafira, en el mes de noviembre de 1959. Terminamos la Teología en junio de 1966. De los 24 que entramos, terminamos siete: Juan Barreto, Antonio y Gonzalo Fernández Parrilla, Miguel Jiménez, Antonio Perera, Santiago Suárez y Manuel Hernández; en el 3er curso de Humanidades ingresó Pedro Suárez y a primero de Filosofía, Pedro Monzón, que ya gozan de la presencia de Dios y permanecen en nuestra memoria y en nuestros corazones, porque fueron entrañables amigos y buenos sacerdotes.

Estas son algunas de las vivencias que destaco de nuestra estancia en el Seminario Menor: La experiencia del silencio que reinaba en todo el recinto nos ayudó a interiorizar, a reflexionar. Las largas horas de estudio en el salón de San Luis, los dos primeros cursos, y luego en San Carlos, los tres siguientes, nos contagiaron el hábito del trabajo y la responsabilidad. La meditación y la misa diaria, junto con el rosario y la lectura espiritual, fortalecieron nuestra fe y nos facilitaron los primeros encuentros con el Señor. Las horas del recreo, los breves paseos diarios, por las inmediaciones del Seminario, y sobre todo, los paseos de las tardes de los jueves para jugar al fútbol en las Rehoyas o los domingos para pasear por los barrios y barrancos de la ciudad, iban fraguando en nosotros una buena y sincera amistad que conservamos en el tiempo.

Recordando estas vivencias me vienen a la mente las primeras personas que Dios eligió para llamarme al sacerdocio. D. Andrés de La Nuez, el párroco de Ingenio desde 1944 a 1982, que un domingo, al terminar la misa, me dijo estas palabras: «¿Tú quieres ir al Seminario?». Mi respuesta fue  breve: «Yo se lo digo a mis padres». ¿Qué otra cosa podía responder aquel chiquillo que nunca se le había pasado por la cabeza salir de su pueblo a estudiar, que solo pensaba ser chófer como su padre; que no vivía cerca de la iglesia, como el resto de los seminaristas del pueblo; que solo iba los domingos a misa, como el resto de los niños de aquella época?

Y mis padres, que fueron los que más me han ayudado antes, en y después del Seminario. Solo Dios sabe los sacrificios que hicieron para atender a una familia de siete hijos y preparar todo lo necesario para que uno de ellos fuera al Seminario. Ellos han sido, junto con el sacerdocio, el gran regalo de Dios en mi vida.

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(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día de julio-agosto de 2017)

Un intenso fin de curso

Este año el fin de curso en el Seminario está siendo especialmente intenso. Comenzábamos con la visita a la isla de Lanzarote a finales del pasado mes de abril. Prácticamente el Seminario Mayor entero nos trasladamos a la isla conejera con dos objetivos que humildemente creemos fueron alcanzados: conocer su realidad eclesial y hacer presente allí al Seminario. Fueron unos días cargados de encuentros y actividades: con los sacerdotes de la isla que nos acogieron maravillosamente, con niños y jóvenes, con las distintas comunidades parroquiales, etc. En esos días los seminaristas y formadores que fuimos nos distribuimos en distintas parroquias con el fin de llegar al mayor número de personas y comunidades. Y así fue. Ciertamente fue una experiencia muy positiva que nos ha enriquecido y nos ha ayudado a ampliar la visión de nuestra diócesis y del servicio ministerial que, si Dios quiere y así la Iglesia lo considera, un día se nos podrá pedir. Desde estas líneas expresamos nuestro agradecimiento a cuantos hicieron posible esta iniciativa y a los que contribuyeron a que saliera todo tan bien, como salió. Gracias a esa viva porción del Pueblo de Dios que peregrina en Lanzarote, y que tal vez nos estén leyendo. Les llevamos en nuestro corazón y rezamos por ustedes, como esperamos que también ustedes recen por nosotros y que lleven en el corazón y en su oración la preocupación por la promoción de las vocaciones sacerdotales.

 

Después de la experiencia de Lanzarote, ahora toca “poner los codos” para sacar lo mejor posible el curso académico en el Istic. Luego en julio ya vendrá el tiempo de las revisiones para valorar este curso que está acabando y nuestro proceso de discernimiento y formación en este camino vocacional que estamos siguiendo.

Cartel Campamento 2017

Los seminaristas menores, por su parte, tendrán a finales de este mes de junio el Campamento vocacional que, como cada año, organiza el Seminario Menor dirigido a chicos de entre 12 y 16 años. Tendrá lugar en el Centro de Pastoral (Campus de Tafira) del lunes 26 de junio al sábado 1 de julio. Unos días cargados de actividades en los que, además de hacer nuevas amistades, los muchachos tendrán la posibilidad de conocer más a Jesús, crecer en valores y, también, descubrir que todos en esta vida tenemos una misión a la que el Señor nos llama y que nos hace felices. Si conoces a algún joven que pueda estar interesado, no dudes en ofrecerle el campamento como actividad para este verano y contactar con tu parroquia o el Seminario Diocesano.

Además, este año, algunos de nuestros seminaristas menores participarán en el Encuentro nacional de seminaristas menores de bachillerato que tendrá lugar en Lugo del 9 al 13 de julio.

 

Ordenación diaconal

Tenemos la alegría de comunicarles que el sábado 1 de julio a las 11h en la Catedral, nuestro compañero Pedro Luis Martínez Rodríguez será ordenado diácono. Es un motivo de alegría para toda la Diócesis y por eso queremos invitarte a que nos acompañes ese día, ciertamente, con tu oración y, ojalá también, con tu presencia.

Tarjeta de ordenación Pedro

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día de junio de 2017)