El Seminario en tierras majoreras

Tras la interesante experiencia del año pasado en Lanzarote, el fin de semana 21 y 22 de abril el Seminario Diocesano nos trasladamos a Fuerteventura para hacernos presentes en esa Isla y, además, conocer de primera mano su realidad pastoral. Fueron dos días intensos de convivencia en los que, distribuidos por todas las parroquias, pudimos experimentar la fraternal acogida de sus párrocos y de las respectivas comunidades parroquiales, que nos hicieron experimentar su cercanía al Seminario. Desde aquí nuestro agradecimiento a todos ellos. Yeray Martel, seminarista de primera etapa y D. Juan Carlos Medina párroco de Ntra. Sra. del Rosario, en Puerto del Rosario, y arcipreste de Fuerteventura nos relatan lo vivido estos días en tierras majoreras.

Conociendo nuestra diócesis

 Yeray Martel Caballero, seminarista

El pasado día 21 de abril, el Seminario Mayor de la Diócesis de Canarias se trasladó a la Isla hermana de Fuerteventura con motivo del «Encuentro Pascual» celebrado en la localidad de Casillas del Ángel, al que asistieron un centenar de personas entre niños/as, jóvenes y adultos. Fue manifiesta la participación activa en los distintos talleres que se organizaron, donde el caminar como discípulo, el vivir el Evangelio y los nuevos desafíos a los que se enfrenta la Iglesia fueron los temas primordiales. El entusiasmo y la alegría, presentes desde el primer momento, acompañó toda la jornada en la que afloraban las emociones, experiencias y sentimientos fraternos que eran compartidos por todos y para todos. Una celebración litúrgica entusiasta y participativa, en definitiva, una celebración litúrgica viva, puso el broche de oro a este peculiar Encuentro Pascual.

Ya, durante la tarde los seminaristas acompañamos a los distintos sacerdotes que ejercen su función ministerial en la Isla majorera. En las parroquias nos encontramos con gente diversa y con distintas necesidades, pero muy entrañables y acogedoras, donde la figura del seminarista a la par que sorprendía generaba cierto agrado.

En el «día del Señor» y tras las correspondientes celebraciones emprendimos la Ruta Franciscana que nos llevó a lugares emblemáticos como son el Santuario de la Virgen de la Peña, Patrona de la Isla, donde la acogida maternal te invita a todo éxodo de ti mismo para ponerte en manos de la «Madre», y Betancuria, sede de Obispo, con su rico patrimonio histórico-artístico. Después de un almuerzo jovial en dicho municipio, tomamos rumbo al pueblo de La Ampuyenta, donde nos encontramos con la «Capilla Sixtina de Fuerteventura». Se trata de la Ermita de San Pedro de Alcántara, donde los impresionantes frescos y el retablo mayor no dejaron indiferente a nadie de los presentes. Pero si algo hace grande a este emblemático lugar es que fue cuna de Fray Andresito, sencillo franciscano, protector de los desvalidos, que murió en Chile con fama de Santidad, y cuya beatificación está en curso.

Durante la tarde estuvimos en Puerto del Rosario, donde tras degustar un café, hicimos acto de presencia en la celebración de la Eucaristía, abarrotada de fieles que se acercaban a Dios y a la Santa Madre que da nombre al lugar para, posteriormente, exhaustos pero llenos de vivencias regresar a Gran Canaria.

 

Gracias por la visita

 Juan Carlos Medina, arcipreste

El Encuentro Pascual que cada año se viene celebrando en el arciprestazgo de Fuerteventura, y en el que se hacen presente miembros de parroquias de la isla, en esta ocasión, se ha sentido enriquecido con la presencia del Seminario Diocesano.  Durante el encuentro, varios seminaristas y su formador Eloy Santiago animaron unos de los talleres: «El entusiasmo de vivir el Evangelio de la fraternidad» (EG, 179). El resto de los seminaristas participaron en los demás talleres.

Los asistentes tuvieron la ocasión de conocerles de cerca. Finalizado dicho encuentro se distribuyeron entre las distintas parroquias de la isla, con sus respetivos párrocos, donde participaron en las celebraciones, tanto del sábado como del domingo, conociendo así la vida pastoral.

Finalmente, el domingo tras el almuerzo en Betancuria,  se trasladaron a la Iglesia de San Pedro de Alcántara, en Ampuyenta donde conocieron, acompañados de Felipe Bermúdez, miembro de Frater en Fuerteventura, la huella de la Evangelización realizada por los franciscanos en la isla y posteriormente visitaron la casa de Fray Andresito.

Desde el arciprestazgo agradecemos la presencia de nuestro Seminario Diocesano y el testimonio de los seminaristas y su formador en este fin de semana.

 

Otras noticias:

  • El sábado 12 de mayo dos seminaristas mayores, Inocencio Pablo García Ramírez y Jacob David Castillo Acosta, recibirán el MINISTERIO DEL LECTORADO en la Parroquia de San Miguel Arcángel (Valsequillo) a las 19h.
  • Ese mismo día, 12 de mayo, en horas de la mañana, de 10h a 16h, el Seminario Menor celebra la JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS destinada a adolescentes y jóvenes de 12 a 17 años que quieran acercarse y conocer nuestro Seminario menor. Para más información, contacta con el Seminario llamando al teléfono 928 356 262 o via Twitter @SemDioCanarias.
  • Y el sábado 19 de mayo, de 10h a 13h, en las Misioneras Eucarísticas de Nazaret (Nazarenas), de la C/García Tello 4, tendrá lugar un Encuentro vocacional organizado por Pastoral Vocacional.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de mayo de 2018)

 

«Debemos de poner en el centro de nuestro corazón el Seminario»

En el marco de la campaña del Día del Seminario, el pasado 6 de marzo tenía lugar el tradicional encuentro del Seminario con el Presbiterio de la Diócesis que contó con la participación de D. Sergio Requena Hurtado (Valencia, 1965), Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, quien habló sobre «La vocación al ministerio presbiteral y la pastoral vocacional en el nuevo Plan de formación sacerdotal». Teniendo en cuenta su misión en la Conferencia Episcopal y aprovechando su estancia en nuestras islas le hemos entrevistado.

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Sergio, después de cinco años como Vicerrector del Seminario Mayor de su archidiócesis de Valencia, a finales de septiembre de 2016, la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española le nombraba director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, a la que por cierto pertenece nuestro Obispo D. Francisco Cases, ¿en qué consiste su misión al frente de dicho Secretariado?

  • Veo una cierta continuidad con lo que venía haciendo en el Seminario de mi diócesis. Allí acompañaba como formador a los seminaristas, ahora, desde esta tarea que se me ha encomendado, estoy llamado a servir a los formadores de los seminarios españoles; creo que es lo que mejor define mi trabajo. Entre otras cosas, organizamos una vez al año encuentros nacionales con los rectores y formadores de los seminarios, les ofrecemos apoyo y formación en su tarea. Llevamos adelante la campaña del día del Seminario. Apoyamos el trabajo que desarrollan los delegados de pastoral vocacional y sus equipos… En resumen, es un servicio que se ofrece desde la Conferencia episcopal, en el que se expresa de manera muy clara la preocupación de nuestros obispos por la institución del Seminario y por las vocaciones.

 

La misión que actualmente desempeña en el seno de la Conferencia Episcopal le ofrece una atalaya singular desde la que observar la realidad de los Seminarios en España, ¿qué visión general nos puede dar sobre el «estado de salud» del que gozan de nuestros Seminarios?

  • Creo que en general gozan de buena salud. Hay no obstante diferentes realidades con problemáticas diversas. Entre otros temas que nos preocupan destaca el de la escasez vocacional, pero este aspecto se nota más cuando más pequeño es el Seminario. El desafío es dar siempre una formación de calidad. Por eso, es muy importante el proceso de asimilación de la nueva Ratio Fundamentalis en el que estamos inmersos. En ella se da una especial relevancia a la formación humana, se nos pide que acompañemos al seminarista a alcanzar una personalidad equilibrada, serena y estable.

 

En octubre tendrá lugar en Roma la Asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos que tratará el nada fácil tema de «La fe, los jóvenes y el discernimiento vocacional», el Secretariado que dirige ha estado involucrado en la fase preparatoria que se ha llevado a cabo en nuestro País con la recopilación de las respuestas recibidas al cuestionario enviado a tal fin, ¿qué podría destacar de las respuestas recibidas? ¿cómo se vive el tema discernimiento vocacional entre los jóvenes y en la pastoral de las diócesis españolas?

  • Entre otras cosas, que los jóvenes valoran muy positivamente las diferentes propuestas e iniciativas de la Iglesia para acercarse a ellos, pero piden que dedique más tiempo y personas para escucharlos. En general se echa en falta una mayor cultura vocacional, que oriente a comunidades, familias y jóvenes, logrando así un mayor compromiso en el discernimiento vocacional y un acompañamiento adecuado a los jóvenes.

 

Y ya para acabar esta entrevista, el próximo fin de semana 17 y 18 de marzo se celebra la campaña del Día del Seminario, que este año lleva por lema «Apóstoles para los jóvenes». ¿Qué podría decir sobre esta celebración a nuestros lectores?

  • El día del Seminario nos recuerda que debemos de poner en el centro de nuestro corazón el Seminario y sus necesidades, porque los pastores del mañana merecen todo nuestro cariño y esfuerzo.

 

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de marzo de 2018)

«Apóstoles para los jóvenes»

Partiendo de este lema del Día del Seminario, que es en sí todo un programa para el seminarista y futuro sacerdote, nos hemos acercado al Secretariado de Pastoral Juvenil para conocer la experiencia del sacerdote que les acompaña, Domingo Muñoz Pérez, en su trabajo con los jóvenes, y para saber qué pide el Secretariado, a través de su director, Oliver Díaz Medina, a nuestros seminaristas. Ellos han aceptado la invitación, de lo que le estamos agradecidos, y nos han hecho llegar estas líneas que ahora compartimos con todos ustedes.

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 Vivir el ministerio presbiteral entre jóvenes

Domingo Muñoz Pérez

Mi vida sacerdotal ha estado claramente marcada por mi cercanía con el ámbito juvenil. Y es que en mis primeros pasos de crecimiento en la fe fueron protagonistas los encuentros, convivencias y asambleas de veranos que se organizaban para jóvenes en mi parroquia, a través de la Delegación de juventud. Progresivamente mi proceso de fe fue evolucionando de tal modo que, en el camino, tuve la suerte de compartir experiencia con creyentes y sacerdotes. Estas personas no sólo fueron testigos, sino que, además, me acompañaron con mucho cariño y cercanía, respetando en todo momento mi proceso de descubrimiento y de encuentro con el Señor. Sentía en ellos y en ellas mucho cariño, paciencia y tolerancia, aceptándome íntegramente, con mis debilidades y mis fortalezas. Años después, logré ver en ellos a personas de Dios como Moisés, cuando Dios se le manifestó en la zarza ardiendo diciéndole «quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada» (Ex 3,5).

Tengo claro que mi ministerio no es otra cosa que descalzarme para poder servir mejor a la «tierra sagrada» que son las personas que Dios me va poniendo en el camino. Descubrir en ellos la presencia de Dios y, al mismo tiempo, ofrecerles lo mejor que llevo en mi vida, la alegría de haber dado cabida a Dios en mi historia.

Los jóvenes me han aportado cosas muy buenas para vivir como creyente y pastor. Lo primero y fundamental: vivir auténticamente y con coherencia mi fe. Estar en medio de ellos como uno más; queriendo y aceptando a cada persona como es. Todo esto me lleva a cuestionar mi vida cada día, preguntándome si soy un testigo vivo del Evangelio. Pero si algo me encanta del ser de nuestros jóvenes, es su valentía y su capacidad para arriesgar en la vida. Hoy por hoy, nuestro mundo y nuestra Iglesia temen al cambio, a crear cosas nuevas, a arriesgar y, en definitiva, a apostar ante nuevos retos.

Actualmente, los jóvenes respiran de otra manera distinta a la de antaño. En mi época, hacíamos proceso con los jóvenes. Como bien dice el papa Francisco, para los jóvenes de hoy no vale el método tradicional de encuentros y reuniones semanales. Las personas jóvenes de hoy necesitan tocar realidades; realidades que les cuestionen y, desde ahí, avanzar hacia el Evangelio. Por eso no quieren palabras, necesitan hechos y testigos.

Por tanto, considero que uno de los principales problemas que afronta la Iglesia de hoy es el rechazo de las personas jóvenes hacia nuestra Iglesia, cuestionándose, de manera sistemática, la fe. Cuando miran hacia la Iglesia, la ven pobre en testimonios, sobre todo cuando nuestras comunidades se cierran y se posicionan a la defensiva ante las nuevas realidades y situaciones. En definitiva, nuestra Iglesia tiene miedo a confiar en nuestros jóvenes, responsabilidades, motivo por el cual tenemos un importante reto: construir Iglesia con y para los jóvenes.

Acercarse, escuchar y acompañar para vivir

Oliver Díaz Medina

Queridos seminaristas:

Desde el Secretariado de Pastoral Juvenil de nuestra Diócesis, les queremos felicitar por la jornada tan importante en que recordamos y celebramos el día del Seminario y a ustedes, que se forman en él.

¡Mucho ánimo! en esa preciosa tarea que han decidido empezar a proyectar en sus vidas para ser «Apóstoles para los jóvenes».

Les pedimos, como responsables de la Pastoral Juvenil, tres cosas que no deben dejar pasar en sus vidas cuando estén al frente de las distintas comunidades. Tres cosas que se sintetizan en tres verbos importantes en el trabajo pastoral y, mucho más, en el trabajo pastoral con jóvenes: Acercarse, escuchar y acompañar para vivir.

Acercarse al joven supone tener actitud vital de estar con ellos, de sentirlos como «los preferidos», de estar donde ellos están y compartir con ellos sus inquietudes, sus alegrías y sus fracasos. Solo desde esta clave «cercana», los jóvenes les verán como referentes que animan sus vidas.

Escuchar al joven es hacerse partícipes de sus dudas, de sus miedos, de sus interrogantes para saber qué dicen, cómo piensan y qué piden a la Iglesia. Escuchar para saber, no como sabiduría o erudición, sino para saber cómo amar más y mejor al joven y al mundo que le rodea.

Acompañar al joven para que no se sienta jamás abandonado, solo o excluido. Es el deseo más hondo que anida en la vida del joven: sentirse acompañado para vivir la vida con sentido. ¡Qué ironía de este momento! Cuando más conectados estamos a los demás, a través de cualquier medio, es cuando más soledad se percibe. Por eso, es importante, acompañar, escuchar y acercarse a ellos para ofrecer la Buena Noticia del evangelio como propuesta de sentido y felicidad.

Felicidades, queridos seminaristas. ¡Ánimo! y cuenten con nuestro apoyo y oración para que «el Señor lleve a término la obra buena que ha empezado en ustedes».

En breve
  • Sábado 10 de marzo: Encuentro de Monaguillos en Teror, organizado por el Seminario Menor, y Oración vocacional en la parroquia de S. Telmo a las 20:15h.
  • Lunes 19 de marzo, día de S. José, en la Parroquia de San José Artesano (Lomo Blanco) a las 19h celebración del Rito de admisión a Sagradas Órdenes de los seminaristas: Jonathan Almeida Romero, Gerardo Valbuena Aboid, Inocencio García Ramírez, Jonathan Ravelo Cruz y David Castillo Acosta.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de marzo de 2018)

Promover una cultura vocacional

Con motivo de la campaña del Día del Seminario, que este año lleva por lema «Cerca de Dios y de los hermanos», el pasado 21 de febrero tuvimos el habitual encuentro con el Presbiterio diocesano, acompañado en esta ocasión por Mons. Luis A. Argüello, Obispo auxiliar de Valladolid, quien ha ejercido el ministerio sacerdotal en el Seminario vallisoletano durante 25 años. En sus palabras Mons. Argüello nos invitaba a descubrir cómo la propuesta vocacional no es algo distinto de la pastoral ordinaria y a promover una cultura vocacional.

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«La Pastoral Vocacional ayuda a descubrir y transformar las inquietudes que cada uno llevamos en el corazón para conducirnos a la plenitud de la alegría a la que estamos llamados». En efecto –afirmaba el Obispo– la misma pastoral misionera, la de una Iglesia en salida, no tiene hoy otro objetivo que convocar a la fe, llamar a la fe, uno a uno, «cuerpo a cuerpo», y ayudar a descubrir que «creer en Dios nos hace bien». La llamada de la fe es una llamada a vivir la alegría del amor, a descubrir el plan de Dios para cada uno de nosotros porque, en efecto, Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, desde el momento antes de nacer. Por esta razón, afirmaba el Obispo auxiliar de Valladolid, «la vocación no es una opción, una decisión que se toma […] sino que lo primero es la llamada, el designio de Dios. Dios nos ha pensado sacerdotes desde el vientre de nuestra madre».

De ahí –continuaba afirmando– que «hacer una propuesta vocacional no es pedir un favor, sino ofrecer a los hermanos la posibilidad de descifrar la existencia como amor». Frente al «pienso, luego existo» de Descartes que dio lugar a la Modernidad, se nos invitaba a proponer el «soy llamado, luego existo». La Pastoral Vocacional tiene que ayudar a la persona a descubrir esta llamada y a elegir, porque es eligiendo como uno se introduce en un camino de liberación, hacia una «libre libertad».

Asimismo, Mons. Argüello invitaba a los sacerdotes participantes a «sacar brillo de la vida apostólica» viviendo el radicalismo evangélico del que hablaba S. Juan Pablo II en la exhortación apostólica Pastores dabo vobis. Esta –afirmaba– es la mejor manera de superar el peligro de la mundanidad y clericalismo que nos acecha y  al que tantas veces se refiere el Papa Francisco.

Desde estas líneas expresamos nuestro agradecimiento a los sacerdotes que nos acompañaron ese día y, en especial, a Mons. Luis Argüello por sus sugerentes e iluminantes palabras animándonos a tomar en serio la preocupación por las vocaciones en la Iglesia, en particular la vocación sacerdotal, y a promover una cultura de las vocaciones en nuestras comunidades.

 

Un paso adelante en el caminoJonathan Ravelo

Jonathan Ravelo Cruz

Cuatro años han pasado desde que el día 8 de septiembre de 2013 entré en el Seminario. A lo largo de este tiempo he vivido con una gran alegría cada uno de los días que he pasado aquí, en el Seminario. Ciertamente no ha sido todo felicidad, también he vivido momentos duros, pero estos me han fortalecido más en el Señor.

Mi vocación es un tanto particular. Nació en la cama de un hospital y por la presencia de un gran sacerdote que todos los días pasaba sin falta a preguntar: «¿Como está el niño hoy?». No solo fue esta acogida, sino también su rostro que iluminaba toda la habitación con esa felicidad que desbordaba sobre todos nosotros cada día, lo que marcó. Así fue como nació mi vocación, de una simple pregunta; y que hoy sigue presente en mi vida, pero esta vez no es este sacerdote, sino que es Cristo quien en la oración me dice cada día: ¿Cómo estas hoy?

Han pasado los años y el próximo 11 de marzo seré instituido lector y acólito. Para mí este paso supone una afirmación de mi vocación y seguimiento de Cristo. Es un sí a Dios: Como lector, para proclamar la Palabra de Dios e intentar que sea el Señor el que se haga presente y cobre vida en mi pobre ser; y como acólito, para asistir al sacerdote ayudándolo en el servicio del altar, especialmente en la celebración de la Eucaristía.

Por esta razón, me gustaría invitarles a que me acompañen el 11 de marzo a las 20h en la Parroquia de Santo Domingo en este día tan especial para mí. También les invito a que recen por mí para que pueda ser un fiel servidor de la Palabra de Dios y del altar, y recen por las vocaciones.

Otras noticias…

  • El sábado 11 de marzo a las 20h en la parroquia de Santo Domingo, nuestro compañero Pedro Luis Martínez será admitido a las Sagradas Órdenes y Jonathan Ravelo, de Sardina del Sur, será instituido lector y acólito en una Misa presidida por el Sr. Obispo.
  • El sábado 18 y domingo 19 de marzo la Iglesia en España celebra el Día del Seminario, razón por la que los seminaristas y formadores intentaremos hacernos presente en ese fin de semana y en los precedentes en el mayor número posible de parroquias para dar a conocer la realidad del Seminario e invitar a la oración y colaboración con la promoción y desarrollo de las vocaciones al sacerdocio.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día de marzo de 2017)