Al término del Jubileo de la Misericordia

El domingo 20 de noviembre se clausurará el Jubileo Extraordinario de la Misericordia convocado por el Papa Francisco. Un tiempo de gracia en el que se nos ha invitado a redescubrir la misericordia de Dios y a ser «misericordiosos como el Padre». Desde estas líneas queremos compartir cómo hemos vivido este Jubileo en el Seminario.

Cuando estamos para concluir el año jubilar de la Misericordia, dirigimos nuestra mirada hacia atrás para repasar lo que este año tan especial ha significado para nuestro Seminario y para cada uno de los jóvenes que en él nos formamos con vistas a que en un futuro seamos verdaderos apóstoles de «Jesucristo, rostro de la misericordia del Padre» (Francisco, Misericordiae Vultus, 1).

¡Cómo no recordar en primer lugar la apertura del Jubileo en la Catedral! En la solemne y multitudinaria ceremonia de aquel 13 de diciembre de 2015 tanto el Seminario Menor como el Mayor estuvo presente y participó de forma especial. Dos seminaristas menores y otros dos mayores, junto con el Señor Obispo, abrieron la Puerta Santa de la misericordia en la Catedral. Un símbolo elocuente, querido por nuestro Pastor, D. Francisco Cases, como símbolo de la importancia que el Seminario tiene en la vida diocesana, en cuanto «corazón» de la misma.

Otro momento importante tuvo lugar el primero de mayo. En tal ocasión, también ambos seminarios, peregrinamos a Telde para celebrar el jubileo en la Basílica de San Juan, donde celebramos la Eucaristía, además de realizar una visita al templo, acompañados por el párroco D. José María Cabrera, así como al barrio de San Francisco. Acabamos el día visitando la parroquia de San Miguel, en Valsequillo, donde nos recibió su párroco D. Jorge Hernández, y, posteriormente, almorzando con él.

El Jubileo de la Misericordia también ha estado presente en los espacios comunitarios de los viernes, a los que invitamos a alguna persona que, en primera persona, nos pueda enriquecer con su experiencia. En este año hemos tenido la suerte de escuchar a María Eugenia, de Villa Teresita, que vive y realiza su apostolado en la parroquia de Ntra. Sra. del Carmen de la Isleta. Una vocación que se alimenta todos los días viviendo la misericordia estando cercana y acompañando a los más desfavorecidos del barrio y a las prostitutas.

Más recientemente, aprovechando también la celebración del DOMUND, nos ha visitado D. Manuel Ramírez, el nuevo Delegado Diocesano de Misiones, que vuelve a nuestra diócesis después de nueve años de misionero en Mozambique. Su testimonio misionero también nos habla de la experiencia de la misericordia en el ministerio presbiteral vivido en la misión ad gentes, junto a personas y a los pueblos más sufridos de la tierra.

Junto a estos momentos comunitarios de mayor relevancia, cada seminarista, en las respectivas parroquias en la que está destinado, intenta vivir su experiencia pastoral del fin de semana teniendo en cuenta que está llamado a ser un hombre que muestre la misericordia de Dios: en la visita a los enfermos; en el deseo de conocer y compartir las dificultades que vive la comunidad, especialmente los más necesitados; en el servicio concreto de la parroquia… En definitiva, en el compromiso al  que estamos llamados de, con nuestro granito de arena, hacer presente el Reino de Dios en la tierra, siendo personas de comunión y reconciliación entre los hombres, y entre estos y Dios.

Así pues este año ha sido una magnífica oportunidad para trabajar la dimensión más oblativa de nuestro ministerio, que no es otra que dar la vida por los demás como lo hizo Jesucristo, Buen Pastor. Estar, en definitiva, en el corazón del mundo manifestando el corazón tierno y misericordioso de Dios. En este sentido hacemos nuestro el deseo del Papa: «¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada personal llevando la bondad y la ternura de Dios!» (Misericordiae vultus, 5).

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día de noviembre de 2016)