La familia del Seminario crece

¡Nuestro Seminario Diocesano ha comenzado el curso con dos nuevas incorporaciones! Juan Medina Naranjo, de 18 años, y natural de Las Palmas de Gran Canaria, de la parroquia Santa María del Pino, que ha pasado del Seminario Menor. Lo mismo ha hecho Daniel Romero de León, también de 18 años, y natural de Playa Honda, en Lanzarote, pertenece a la parroquia de Santa Elena y ha dado el paso de entrar al Seminario Mayor de nuestra diócesis. Ellos nos cuentan ahora su experiencia, pero antes, les invitamos a seguir rezando por las vocaciones, pidiéndole al Señor que mande numerosos obreros a su mies.

JuaAll-focusn Medina Naranjo

La historia de mi vocación es más bien sencilla. No se dan grandes experiencias que me llevaran a dar el sí definitivo, así como tampoco tengo una fecha concreta en la que respondí a lo que el Señor me iba pidiendo. Se trata de un proceso que comienza desde una edad muy temprana y en el que todavía continúo, ya que la conversión dura toda la vida.

Mi vocación surge —siempre lo he entendido así— gracias a la oración. Una oración que comienza de la manera más sencilla y agradable a Dios: en el corazón de un niño. Tendría yo alrededor de cinco años cuando un día pregunté a mi madre si debía rezar por mi cuenta (en mi familia acostumbrábamos a rezar juntos en el coche). Tras un momento de reflexión, me contestó con una afirmación. Comencé, pues, a rezar por las noches. Mi sencillez de niño me llevó a recitar todas las oraciones que iba aprendiendo; una retahíla que hacía sonreír a Dios —estoy convencido de ello—. Pronto comencé con las «peticiones»: ahí estaba la semilla de mi relación con Dios. El pedir por mi familia y amigos me llevó a pasar de una relación «formal» (por así decirlo) con el Señor, a una más familiar e íntima. Yo le explicaba al Señor las razones por las que pedía por este o aquel, le contaba mis preocupaciones, mis alegrías. Poco a poco el Señor fue haciendo su obra, y cada vez iba calando más dentro de mí. Esta relación con Padre Dios me permitió estar más atento a aquello que Él podría pedirme.

La idea de ser sacerdote me vino por primera vez gracias al testimonio de vida de mi primer párroco. Como a tantas personas, más que el escuchar el Evangelio, fue el verlo encarnado lo que me llevó a amar ese estilo de vida, y a estar, entonces, dispuesto a escucharlo y aprehenderlo. Esa idea de la vocación ha permanecido en mí desde entonces, y con los años no ha ido sino en aumento. El testimonio de tantos otros sacerdotes que he ido conociendo, algunos de los cuales han sido claves en mi vida, han aumentado la inquietud en mí por el sacerdocio.

Ahora me adentro en unos años de formación muy intensa, pero también de intenso encuentro con Jesús, y eso me alegra y me reconforta enormemente. Me pongo en sus manos, que Él mire si mi camino se desvía y me guíe por el camino eterno (cf. Salmo 138).

 

All-focusDaniel Romero de León

Hola, me llamo Daniel Romero de León, tengo 18 años y soy de Playa Honda, Lanzarote. Al principio, mis padres, a los que agradeceré siempre la educación y los valores que me han aportado, me llevaban obligado a misa, pero, con el tiempo, me fue gustando, sobre todo porque después de la misa había juegos para los niños. Recuerdo que nos peleábamos por ser monaguillos y al final siempre me tocaba a mí. Cuando no asistía a misa el sábado, se me hacía cuesta arriba el estudio al día siguiente, por lo que decidí ir siempre. Y así, comencé a plantearme el ser sacerdote. Los sacerdotes que me conocían insistían en que veían en mí una posible vocación, aunque yo me negaba y llegué a cogerle cierta reticencia. Pero en febrero de este año, sentí que Dios me llamaba y lo comenté con mi párroco, D. Miguel Hernández, que me puso en contacto con D. Eloy Santiago, formador del Seminario Diocesano. Estuvimos tratando esta posible llamada del Señor a través de varios ejercicios, y el que más me ayudó fue el de escribir mi «curriculum cristiano». Este ejercicio me hizo comprender que esa posible vocación que yo había desterrado de mis pensamientos salía de nuevo a la luz, de una forma maravillosa. Doy gracias, al Señor, por darme fuerzas para seguirle y estar aquí, porque a pesar de llevar un mes y poco, hay veces que todavía ni me creo estar en el Seminario, preparándome para ser un posible sacerdote. «¿¡Quién me lo diría!?», me digo a mí mismo muchas veces, acordándome de una frase de mi madre: «Nunca digas de este vaso no beberé». En casa nadie se lo esperaba, sobre todo mis padres (ambos se quedaron blancos cuando se lo dije), pero les agradezco que me apoyen, pues donde está mi felicidad, es decir, en cumplir la voluntad del Señor, allí estará también la de ellos.

En el seminario me he acostumbrado muy bien al día a día gracias a una experiencia anterior que viví este verano, en el Encuentro de Seminaristas Menores de Bachillerato. Yo me siento muy afortunado y contento de saber que lo que el Señor me pedía en febrero era que entrase en el seminario y no me arrepiento por nada del mundo de haber entrado, aparte de por estar cumpliendo su voluntad, porque la comunidad que vive aquí es muy especial y la fraternidad, la ayuda, la alegría, los chistes, la comprensión, el respeto, son el pan de cada día. Los ratos de oración en comunidad y la Misa son preciosos y de los que más disfruto, al sentir que estoy hablando y recibiendo el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Doy gracias a todas las personas que me han ayudado a lo largo de mi corta vida para llegar aquí, pero, sobre todo, a Dios que me ayuda a luchar contra corriente y entrar en mi nueva casa, el seminario.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de noviembre de 2018)

 

¡Comenzamos un nuevo curso!

Alejandro Carmona Arrocha

Después del período estival, tiempo para el descanso y para estar con la familia, en el Seminario Diocesano comenzamos un nuevo curso con ganas e ilusión, y con la mirada puesta siempre en el Señor, el Buen Pastor, con quien queremos configurarnos.

El sábado 8 de septiembre comenzábamos el curso de la mano de María, celebrando a la patrona de nuestra diócesis, la Virgen del Pino. ¡Y qué mejor manera! Ella, que nos era propuesta como fundamento de la fortaleza de nuestra fe –como nos recordaba el Obispo en la homilía–, nos lleva siempre hasta su hijo, Jesús. Fue un día de mucha emoción para todos, pues pudimos sentir el amor y la devoción que nuestro pueblo, en particular la gente de Teror, tiene por la Virgen del Pino.

Al día siguiente, la noche del domingo 9 de septiembre, nos trasladábamos a la Casa de Ejercicios de la Institución Javieriana en La Atalaya de Santa Brígida para comenzar los Ejercicios Espirituales; nos ayudaron a entrar en la presencia del Señor, a abrirnos a la acción de su Espíritu y preparar nuestros corazones para el nuevo curso. En esta ocasión hemos contado con D. Sergio Requena, director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española, quien, desde unas sencillas y amenas reflexiones que partían desde su propia experiencia personal, nos ofrecía puntos para la reflexión y oración para seguir avanzando en este camino que hemos escogido y discerniendo el proyecto del Padre para cada uno de nosotros. Al tiempo que agradecemos su disponibilidad y entrega para con la comunidad del Seminario Mayor, oramos por su ministerio y su labor en la Conferencia Episcopal Española.

Estos días de oración, que culminaron el viernes 14 después del almuerzo, tuvieron su continuidad en el encuentro mantenido después de la cena con D. Miguel Ángel Arribas, director espiritual del Seminario Conciliar de Madrid y Vicario adjunto para el Clero, aprovechando su estancia entre nosotros pues había venido a Gran Canaria a dar los Ejercicios Espirituales al Clero.

Como novedad este año, el Seminario Mayor se ha hecho presente, en la persona de los seminaristas naturales de las respectivas islas, en las fiestas de Nuestra Señora de los Dolores, en Lanzarote, y Nuestra Señora de la Peña, en Fuerteventura, patronas insulares; así, nuestros compañeros Alejandro Carmona y Daniel Romero, naturales de Lanzarote, estuvieron en la celebración de la Virgen de los Volcanes, mientras que David Castillo, de Fuerteventura, participó en la fiesta de la Virgen de la Peña.

Tras estos días intensos el pasado lunes 17 de septiembre comenzábamos la convivencia en el Seminario y las clases en el Istic. Durante estos primeros días hemos organizado la vida comunitaria, elaborado el proyecto comunitario para este curso y cada uno de nosotros ha ido dando forma a su proyecto personal.

Pero no solo el Seminario Mayor, sino también el Seminario Menor ha dado inicio al nuevo curso con un encuentro el sábado 22 de septiembre al que, además de los seminaristas menores, asistieron algunos de los jóvenes que participaron en el Campamento vocacional de junio, a quienes se les ofreció la posibilidad de incorporarse al Seminario.

Invitamos a toda la comunidad diocesana a rezar por nosotros y a rezar por las vocaciones, para que los jóvenes de nuestras islas se dejen cautivar por el Señor y estén dispuestos a entregarle su vida como pastores al servicio del pueblo santo de Dios. ¡Buen inicio de curso a todos!

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En breve…

  • El sábado 13 de octubre tendrá lugar la primera caminata vocacional de este curso; invitamos a todos los jóvenes que quieran dedicar un tiempo pausado para escuchar lo que el Señor les dice y les pide mientras conocen nuestra geografía canaria.
  • Ese mismo día, el sábado 13, se retoma la oración vocacional que, como cada mes, organiza la Pastoral Vocacional los segundos sábados a las 20:15h en la parroquia de S. Telmo.
  • Y el fin de semana del 26 al 28 de octubre comienzan las convivencias mensuales del Seminario Menor, para muchachos de entre 12 y 17 años con inquietudes vocacionales.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de septiembre-octubre de 2018)

Lectorado y acolitado

Con la reforma introducida por el Concilio Vaticano II y su aplicación llevada a cabo en 1972 por, el próximamente santo, Papa Pablo VI las entonces llamadas «órdenes menores», que comenzaban con la tonsura y seguían con el Ostiariado, Lectorado, Exorcistado y Acolitado hasta llegar al subdiaconado, con el que se iniciaban las «órdenes mayores», fueron modificadas y sustituidas por los «ministerios laicales» de lector y acólito. La recepción de estos dos ministerios en la etapa de estudios teológicos del proceso formativo del seminarista son dos momentos singulares que se viven con especial intensidad. En efecto, como afirma la nueva Ratio, El don de la vocación presbiteral: «ambos ministerios, junto con una conveniente preparación espiritual, facilitan una vivencia más intensa de las exigencias de la etapa configuradora, dentro de la cual, por cierto, es oportuno ofrecer a los lectores y acólitos ámbitos concretos para ejercer los ministerios recibidos, no solo en la liturgia, sino también en la catequesis, la evangelización y el servicio al prójimo» (RFIS, 72)

El pasado 12 de mayo, dos de nuestros compañeros, Inocencio y David, fueron instituidos lectores en la parroquia de San Miguel Arcángel, en Valsequillo, donde David se encuentra de pastoral, y el sábado 16 de junio, a las 19:30 h., recibirán el acolitado en la parroquia de la Virgen de la Vega –en la Vega de San José–, en la que Inocencio realiza su formación pastoral. A ellos les hemos pedido que compartan con nosotros cómo han vivido y se preparan a vivir la recepción de estos ministerios.

Jacob David Castillo Acosta

Al ser instituido como lector, me he sentido llamado por el Señor –siguiendo al próximamente canonizado Pablo VI– a procurar, con todo empeño y con todos los medios,  conseguir más plenamente el suave y vivo amor, así como el conocimiento de la Sagrada Escritura, para llegar a ser más perfecto discípulo del Señor. Este ministerio de lector,  ya conocido en tiempos de San Justino o San Hipólito, y que nos recuerda la figura de Jesús leyendo el profeta Isaías en la sinagoga de Nazaret, me invita a ser consciente de que formo parte de una Tradición de la Iglesia y, a su vez, que es ella misma, la Iglesia, el ámbito donde el Señor me llama a profundizar en el sacerdocio, y de modo particular en el amor a la Escritura.

Así mismo, espero y deseo responder a la misión de lector que el Obispo me ha encomendado con su invitación: «lo primero es que la Palabra de Dios permanezca en vuestro corazón y deis testimonio de ello». Estas palabras, en las que resuena la actitud de nuestra madre María, me invitan a cumplir con firme propósito aquello para lo que he sido instituido en la Iglesia: proclamar la Palabra de Dios. Pero no sólo ésta, sino que el lectorado conlleva también otras funciones como la instrucción de los fieles para recibir los sacramentos, la propia formación de aquellos que de forma extraordinaria proclaman la Palabra de Dios o incluso la dirección de los cantos. En suma, el lectorado –para mí– consiste en enamorarme más de la Palabra de Dios.

Inocencio Pablo García Ramírez

El próximo día 16 de junio seré, junto a mi compañero David, instituido acólito por nuestro Obispo D. Francisco Cases Andreu en la Parroquia Virgen de la Vega. Con dicho ministerio se me encomienda un servicio para ofrecer mi ayuda a los sacerdotes en el altar, para poder dar la comunión en las misas y llevarla también a los enfermos. Tengo que decir que me siento muy feliz con el gran regalo que se me confiere.

Desde que comencé mi formación como seminarista me he ido preparando para este acontecimiento, pues el ministerio del acolitado me acerca un poco más hacia el sacerdocio ordenado. Debo destacar que la manera más idónea que me ha ido configurado a ser candidato a dicho ministerio es la vocación a la que me siento llamado, vivida en la comunión eclesial. Considero que una de mis fortalezas en este proceso ha sido la oración personal; ya que la oración me va configurando con la ayuda del Espíritu Santo, quien también es el garante para que se dé una verdadera transformación interior. Por otro lado, la celebración de los sacramentos también me ha ayudado a dar un mayor sentido a esta recepción del ministerio del acolitado, en particular la participación en la celebraciones litúrgicas de la Diócesis o de la Parroquia de la Virgen de la Vega me han ido preparando para ser un buen acólito. El ministerio que se me concede no es algo que se me confía únicamente para mí, sino que, es un presente para toda la comunidad diocesana. Deseo llevar a cabo un buen servicio como acólito en las celebraciones litúrgicas que pueda ser un medio del que el Señor se sirva para inspirar nuevas vocaciones al ministerio ordenado entre los jóvenes de nuestras comunidades cristianas.

Otras noticias
  • Sábado 16 de junio a las 19:30h en la Parroquia Virgen de la Vega institución de acólitos de Inocencio Pablo García Ramírez y Jacob David Castillo Acosta.
  • Del 25 al 29 de junio, en Tafira, tendrá lugar el Campamento vocacional organizado por el Seminario Menor para chicos de 12 a 17 años. Para más información, contacta con el Seminario llamando al teléfono 928 356 262 o via Twitter @SemDioCanarias.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de junio de 2018)

El Seminario en tierras majoreras

Tras la interesante experiencia del año pasado en Lanzarote, el fin de semana 21 y 22 de abril el Seminario Diocesano nos trasladamos a Fuerteventura para hacernos presentes en esa Isla y, además, conocer de primera mano su realidad pastoral. Fueron dos días intensos de convivencia en los que, distribuidos por todas las parroquias, pudimos experimentar la fraternal acogida de sus párrocos y de las respectivas comunidades parroquiales, que nos hicieron experimentar su cercanía al Seminario. Desde aquí nuestro agradecimiento a todos ellos. Yeray Martel, seminarista de primera etapa y D. Juan Carlos Medina párroco de Ntra. Sra. del Rosario, en Puerto del Rosario, y arcipreste de Fuerteventura nos relatan lo vivido estos días en tierras majoreras.

Conociendo nuestra diócesis

 Yeray Martel Caballero, seminarista

El pasado día 21 de abril, el Seminario Mayor de la Diócesis de Canarias se trasladó a la Isla hermana de Fuerteventura con motivo del «Encuentro Pascual» celebrado en la localidad de Casillas del Ángel, al que asistieron un centenar de personas entre niños/as, jóvenes y adultos. Fue manifiesta la participación activa en los distintos talleres que se organizaron, donde el caminar como discípulo, el vivir el Evangelio y los nuevos desafíos a los que se enfrenta la Iglesia fueron los temas primordiales. El entusiasmo y la alegría, presentes desde el primer momento, acompañó toda la jornada en la que afloraban las emociones, experiencias y sentimientos fraternos que eran compartidos por todos y para todos. Una celebración litúrgica entusiasta y participativa, en definitiva, una celebración litúrgica viva, puso el broche de oro a este peculiar Encuentro Pascual.

Ya, durante la tarde los seminaristas acompañamos a los distintos sacerdotes que ejercen su función ministerial en la Isla majorera. En las parroquias nos encontramos con gente diversa y con distintas necesidades, pero muy entrañables y acogedoras, donde la figura del seminarista a la par que sorprendía generaba cierto agrado.

En el «día del Señor» y tras las correspondientes celebraciones emprendimos la Ruta Franciscana que nos llevó a lugares emblemáticos como son el Santuario de la Virgen de la Peña, Patrona de la Isla, donde la acogida maternal te invita a todo éxodo de ti mismo para ponerte en manos de la «Madre», y Betancuria, sede de Obispo, con su rico patrimonio histórico-artístico. Después de un almuerzo jovial en dicho municipio, tomamos rumbo al pueblo de La Ampuyenta, donde nos encontramos con la «Capilla Sixtina de Fuerteventura». Se trata de la Ermita de San Pedro de Alcántara, donde los impresionantes frescos y el retablo mayor no dejaron indiferente a nadie de los presentes. Pero si algo hace grande a este emblemático lugar es que fue cuna de Fray Andresito, sencillo franciscano, protector de los desvalidos, que murió en Chile con fama de Santidad, y cuya beatificación está en curso.

Durante la tarde estuvimos en Puerto del Rosario, donde tras degustar un café, hicimos acto de presencia en la celebración de la Eucaristía, abarrotada de fieles que se acercaban a Dios y a la Santa Madre que da nombre al lugar para, posteriormente, exhaustos pero llenos de vivencias regresar a Gran Canaria.

 

Gracias por la visita

 Juan Carlos Medina, arcipreste

El Encuentro Pascual que cada año se viene celebrando en el arciprestazgo de Fuerteventura, y en el que se hacen presente miembros de parroquias de la isla, en esta ocasión, se ha sentido enriquecido con la presencia del Seminario Diocesano.  Durante el encuentro, varios seminaristas y su formador Eloy Santiago animaron unos de los talleres: «El entusiasmo de vivir el Evangelio de la fraternidad» (EG, 179). El resto de los seminaristas participaron en los demás talleres.

Los asistentes tuvieron la ocasión de conocerles de cerca. Finalizado dicho encuentro se distribuyeron entre las distintas parroquias de la isla, con sus respetivos párrocos, donde participaron en las celebraciones, tanto del sábado como del domingo, conociendo así la vida pastoral.

Finalmente, el domingo tras el almuerzo en Betancuria,  se trasladaron a la Iglesia de San Pedro de Alcántara, en Ampuyenta donde conocieron, acompañados de Felipe Bermúdez, miembro de Frater en Fuerteventura, la huella de la Evangelización realizada por los franciscanos en la isla y posteriormente visitaron la casa de Fray Andresito.

Desde el arciprestazgo agradecemos la presencia de nuestro Seminario Diocesano y el testimonio de los seminaristas y su formador en este fin de semana.

 

Otras noticias:

  • El sábado 12 de mayo dos seminaristas mayores, Inocencio Pablo García Ramírez y Jacob David Castillo Acosta, recibirán el MINISTERIO DEL LECTORADO en la Parroquia de San Miguel Arcángel (Valsequillo) a las 19h.
  • Ese mismo día, 12 de mayo, en horas de la mañana, de 10h a 16h, el Seminario Menor celebra la JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS destinada a adolescentes y jóvenes de 12 a 17 años que quieran acercarse y conocer nuestro Seminario menor. Para más información, contacta con el Seminario llamando al teléfono 928 356 262 o via Twitter @SemDioCanarias.
  • Y el sábado 19 de mayo, de 10h a 13h, en las Misioneras Eucarísticas de Nazaret (Nazarenas), de la C/García Tello 4, tendrá lugar un Encuentro vocacional organizado por Pastoral Vocacional.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de mayo de 2018)

 

Un paso más hacia el ministerio

El pasado 19 de marzo, Solemnidad de San José, fueron admitidos a las Sagradas Órdenes cinco seminaristas de nuestra Diócesis. La celebración tuvo lugar en la Parroquia San José Artesano de Lomo Blanco, en Las Palmas de Gran Canaria, y estuvo presidida por nuestro obispo, Don Francisco Cases Andreu. Fue un día de mucha alegría y emoción tanto para los admitidos a Órdenes, que han dado un paso más en su proceso de formación al sacerdocio, como para todo el Seminario, así como un día de esperanza para nuestra Iglesia diocesana.

¿Qué es el rito de admisión a las Sagradas Órdenes? Este rito se realiza cuando consta que el propósito de los aspirantes ha alcanzado la madurez suficiente, apoyado en las dotes necesarias, a juicio tanto del candidato, quien lo manifiesta públicamente en este acto, como de la Iglesia, quien, en la persona del Obispo, acepta la petición de admisión. De esta forma, los candidatos quedan encomendados tanto al Obispo como al pueblo de Dios, que cumplen el mandato del Señor de orar por los trabajadores de la mies. La Iglesia, Madre, acoge la respuesta generosa de sus hijos que deciden entregarse al servicio de Dios y de los hombres, invitándoles a acoger las mediaciones formativas delegadas para este fin. Nuestros cinco seminaristas nos cuentan cómo lo han vivido:

Jonathan Almeida: He vivido la admisión a Órdenes con gran alegría. Para mí, ha supuesto un paso más en la formación hacia el ministerio ordenado, siendo consciente de lo que ello significa: servir a Cristo y a su Iglesia. Doy gracias a Dios por este don inmerecido.

David Castillo: Estos días, en la oración, he estado haciendo un recorrido por la vocación de San José y he podido acoger la admisión a las Sagradas Órdenes como un gran don por el cual, el Señor me llama a hacerme «invisible» para hacer visible a Él. Una vocación para la misión, que no merezco y ante la cual solo puedo expresar una inmensa gratitud, y en la que ha sido indispensable la cercanía y el acompañamiento de toda la comunidad diocesana. Gracias a todos. Espero poder devolverles algún día en la labor pastoral y las oraciones, lo recibido en esta solemnidad de San José, en la que la Santa Madre Iglesia me ha acogido en su seno como candidato al ministerio presbiteral. Gracias también a nuestro obispo y formadores, que nos han guiado hasta este día, como unos padres guían a sus hijos; con caridad.

Inocencio García: El haber recibido la admisión a las Sagradas Órdenes ha supuesto para mí una gran alegría y una invitación a continuar respondiendo a mi vocación y donación a la Iglesia de Canarias.

Jonathan Ravelo: Haber sido admitido a Órdenes por la Santa Madre Iglesia ha supuesto para mí una inmensa alegría, que me lleva a un profundo agradecimiento a Dios y a todas aquellas personas que me han acompañado, y que me siguen acompañando, en este camino de verificación de mi vocación. Este momento lo he vivido también con responsabilidad, ya que me invita a seguir profundizando y perfeccionando todas las dimensiones de la formación sacerdotal para que algún día, si Dios quiere, pueda llegar a ser testigo de Cristo en el mundo como sacerdote.

Gerardo Valbuena: Para mí, celebrar el rito de admisión a Órdenes con mis compañeros y con toda la comunidad cristiana ha sido un motivo de alegría que me alienta a continuar el proceso de formación; un proceso que, aunque no está ausente de dificultades, es apasionante.

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En breve

  • Para los días del Triduo Pascual el Seminario Menor ha organizado una Pascua vocacional en la parroquia de Ntra. Sra. de las Nieves, en El Palmar de Teror.
  • Por otro lado, siguiendo la experiencia positiva del año pasado en Lanzarote, los días 21 y 22 de abril el Seminario nos trasladaremos a Fuerteventura para conocer su realidad social y eclesial, al tiempo que hacer presente el Seminario en la Isla participando del Encuentro insular de Pascua y visitando sus parroquias.
  • Por último queremos agradecer desde estas páginas la acogida y las muestras de cercanía y cariño que hemos recibido en nuestras visitas a numerosas comunidades parroquiales con motivo del Día del Seminario. Ojalá que la preocupación por las vocaciones, en particular las vocaciones sacerdotales, no se reduzca a un solo día en el año, sino que sea una constante en nuestra acción pastoral y en nuestra oración.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de abril de 2018)

«Llamados por el rostro de Jesús», también los más jóvenes del Seminario

 

«Llamados por el rostro de Jesús» es el lema que durante el presente curso, en continuidad con el Campamento vocacional del verano pasado, estamos trabajando en el Seminario Menor de nuestra Diócesis; en las convivencias mensuales de fin de semana que tenemos, en las que intentamos conocer más a Jesús, a través de la convivencia y las actividades comunitarias que nos ayudan a crecer en el servicio, en el amor a Dios y a los hermanos. Una experiencia que los seminaristas menores disfrutan de tal manera que cuentan los días hasta la siguiente convivencia. En la pasada convivencia de enero ellos mismos escribieron el artículo que ahora les ofrecemos.

Un lema y un objetivo para el curso

A lo largo de este curso los seminaristas menores nos disponemos buscar el rostro de Jesús en las distintas actividades que realizamos en las convivencias y luego en nuestras casas. Buscamos el rostro de Jesús en el que nos necesita, en nuestros hermanos, en la familia y los amigos, en la oración… para que así, de aquí a final de curso, podamos no sólo descubrir el rostro de Jesús que nos llama, sino ser también nosotros ese rostro para nuestros hermanos. Buscamos crecer como personas y también como cristianos, en el trato con Dios; tener más confianza con Él. Ojalá que al acabar el curso y mirar para atrás veamos que hemos alcanzado estos propósitos y hemos mejorado todos, que seamos más amigos y que podamos enseñar a los demás lo grande que es Dios.

La marcha del curso

Este curso 2017/18 lo hemos comenzado de una manera muy diferente a otros anteriores. ¿Por qué decimos diferente? Porque lo hemos comenzado con más ganas que nunca ya que se han incorporado nuevos compañeros, hemos visitado nuevos lugares y además por volver a encontrarnos con nuestros amigos. De todo lo que hemos realizado hasta el momento queremos destacar una actividad que consideramos la más bonita de todas: cuando fuimos a cantar al Hogar de Ancianos en Tafira Baja durante la convivencia de diciembre. La destacamos simplemente porque con cantar unas típicas y sencillas canciones navideñas alegramos la mañana a los mayores que estaban allí, se les veía en sus caras. Nos llenaba de alegría verles felices cantando con nosotros y tocando las palmas. Como ésta ha habido otras muchas actividades: excursión, como la que hicimos a Agüimes y Arinaga; momentos de estudio, de formación y de oración, incluso una vigilia de adviento; paseos, películas, juegos, deportes…

Unos meses intensos que nos han dejado un buen sabor de boca. De hecho, si esto ha sido así en estos primeros meses, estamos seguros de que los próximos que nos quedan haremos aún más cosas estupendas como el Encuentro de Monaguillos que tendremos en marzo, la Jornada de Puertas Abiertas en mayo y, sobre todo, el Campamento vocacional de finales de junio. Te invitamos a conocernos y participar con nosotros en estas actividades.

Algunos Testimonios:

Este es, en primera persona, el testimonio de algunos de nuestros seminaristas menores: los dos más pequeños y los dos más grandes.

Carlos A. Díaz Alonso (12 años): «Cuando con once años me invitaron a la Jornada de Puertas Abiertas del Seminario Menor descubrí un lugar donde poder mejorar mi relación con Dios y estar abierto a lo que Él me pidiera».

Alejandro J. Moreno Fleitas (12 años): «Mi experiencia en el Seminario ha sido muy buena. Me he encontrado con unos compañeros muy simpáticos que comparten conmigo el amor a Dios, con el que ahora tengo una mayor relación».

Juan Medina Naranjo (17 años): «La entrada al Seminario me permitió conocer más de cerca una realidad diocesana que, aún sintiéndome llamado a estar en ella, desconocía bastante. Me ha ayudado a confirmar mi vocación y continuar estando dispuesto a cumplir la voluntad del Señor en mi vida».

Norberto Quintana Santana (17 años): «A raíz de estos nueve años que llevo en el Seminario Menor me he sentido como si estuviese en mi casa gracias a la experiencia del amor de Dios que he compartido con mis compañeros, abriendo así mi corazón a seguirle».

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Una comunidad de discípulos

Entre las novedades que aportan el documento El don de la vocación presbiteral de la Congregación para el Clero sobre la formación sacerdotal encontramos la nueva denominación de las distintas etapas de la formación inicial llevada a cabo en el Seminario. Así la primera etapa, tradicionalmente denominada «de estudios filosóficos», viene ahora llamada etapa «discipular», «durante la cual se invierten todas las energías posibles para arraigar al seminarista en el seguimiento de Cristo, escuchando su Palabra, conservándola en el corazón y poniéndola en práctica» (n. 62). A continuación presentamos el testimonio los tres seminaristas que se encuentran en dicha etapa discipular y que se han incorporado en este curso a nuestro Seminario.

Alejandro Carmona Arrocha (Arrecife, Lanzarote)

Hola, me llamo Alejandro y soy seminarista de primer curso. Entré al seminario el pasado 7 de septiembre, seguro del paso que estaba dando, pero con alguna duda. ¡Me hacía tantas preguntas! ¿Estaré actuando correctamente? ¿Esto es lo que Dios me pide? ¿Cómo será el seminario? ¿Qué me voy a encontrar? ¿Cómo serán los compañeros? Pero aún así, me fié del Señor, pues sabía que esto era algo entre Él y yo. Cuando entré, me encontré con una comunidad fraterna que, desde el primer día, me hizo sentir como uno más, acogido y querido. Solo han pasado cuatro meses desde entonces, pero, sin embargo, siento como si llevara años en el seminario. Para mí, el seminario se ha convertido en una familia, un regalo de Dios. Es algo que me ha sorprendido gratamente, pero así es Dios, siempre nos sorprende. Y lo ha seguido haciendo durante todo este tiempo a través de pequeños detalles, de pequeños gestos que me han hecho saber que en este proceso de discernimiento el verdadero protagonista es Dios, es Él quien me lleva de la mano, es Él el que nunca me abandona. En estos meses he podido experimentar la felicidad y la paz que se siente al aceptar la voluntad de Dios. Quiero ser sacerdote y entregar mi vida a Dios y al servicio de su pueblo porque he conocido a un Dios que me ha cambiado la vida, que me ha cautivado. Para ello, se que el seminario me ayudará a convertirme en, como dijo el Papa Benedicto XVI el día de su elección, «un humilde trabajador en la viña del Señor». ¡Gracias, Señor, por tus sorpresas agradables! ¡Gloria a Ti por siempre!

Yeray Martel Caballero (Cazadores, Telde)

El Seminario Mayor es una comunidad de vida compartida, formada por jóvenes creyentes que deseamos vivir con ilusión y entusiasmo el espíritu del Evangelio. En esta tarea, seguir a Cristo es una decisión. No se trata tan sólo de ser piadosos, sino más bien es necesario pisar tierra. Los seminaristas no vivimos en un castillo espiritual, se requiere de una base humana. También es cierto que es duro vivir sin amor a Dios, porque el alma queda entonces sumida en las tinieblas y en la pena. Sin embargo, cuando el amor embarga al alma, su alegría es indescriptible. Esa alegría se refleja en el alma de un seminarista, quien como la inmensa mayoría de hombres y mujeres, andamos de prisa y, no obstante, nos detenemos a orar porque sentimos la necesidad de hablar con Dios para decirle a Él lo que nunca diríamos a otros. El Seminario, si bien es una forma de encuentro con Dios, contribuye al enriquecimiento personal del individuo y, ante cualquier interrogante sobre una posible vocación sacerdotal, se erige como el lugar idóneo para despejar dicha incógnita.

Samuel Rubio González (Arbejales, Teror)

Desde la experiencia del tiempo vivido en el seminario, y como si estuviera ojeando un álbum de fotos y recordando cómo ha sido el proceso de mi historia vocacional, me atrevo a sacar unas conclusiones de lo que voy viviendo y quiero vivir: Primero, gratuidad. No creo tener mayor mérito que el cotidiano esfuerzo, muchas veces imperfecto, de querer estar a la altura de las expectativas que Dios, el seminario y la gente que forma parte de mi vida. Segundo, comunitario. No me imagino otro lugar mejor para realizar mi llamada que dentro del seminario y lo que vivo cada día con mis hermanos y formadores. Tercero, con la mirada puesta en ser sacerdote y desde ya ir forjando un corazón semejante al de Cristo Buen Pastor. Cuarto, la vocación como un proceso dinámico, con sus luces y sus sombras, sus aciertos y desaciertos. Leía no hace mucho una cita que decía lo siguiente: «La vocación es como un itinerario con señales de pista. Cada señal te lleva a la siguiente sin saber el término definitivo. Más que un conocimiento del futuro es una correspondencia amorosa. Es una amistad». Después de haber forjado y cimentado la fe en mi familia, en mi comunidad parroquial, etc. Ahora continuo en el Seminario Diocesano de Canarias, donde seguiré dando forma y moldura a la llamada que el Señor me hizo un día.

 Primera etapa 2017-18

¡Un nuevo presbítero!

¡Nuestra Diócesis quiere cerrar el año con broche de oro! Y es que el sábado 30 de diciembre será ordenado presbítero el diácono Pedro Luis Martínez Rodríguez, a las 11:00 h. en la S.I.B. Catedral de Santa Ana. Con gran gozo y alegría queremos invitar a toda la comunidad diocesana a participar de esta gran celebración y a orar por Pedro y su nuevo ministerio. Con motivo de su ordenación, le hemos invitado a que, desde Roma, donde se encuentra actualmente cursando estudios de teología bíblica, comparta con nosotros sus sentimientos en estos momentos previos a recibir las sagradas órdenes. También hemos querido escuchar el testimonio de su madre, Doña Rafaela Rodríguez, y el del cura que lo acompañó en su etapa pastoral, D. José Domínguez.

 

Pedro Luis Martínez Rodríguez

Estoy próximo, Dios mediante, a iniciar una etapa en mi vida realmente maravillosa, ¡¡¡voy a ser ordenado sacerdote!!! Se agolpan muchas emociones y, a la vez, la serenidad interior de quien se sabe llamado a una misión muy especial. Echo la mirada hacia atrás y veo un maravilloso camino que se inició hace ya bastantes años, pero que empezó a tomar forma aquella primavera de 2011 cuando, gracias a la insistencia de mi párroco Juan Maria Mena, llegué por primera vez al Seminario Diocesano la Inmaculada Concepción, en Lomo Blanco. No pensaba yo que mi camino de discípulo me llevara al sacerdocio, pero, como siempre en mi vida, para el Señor todas mis sendas le son familiares.

Tanto que agradecer a Dios, tanto que agradecer a tantas personas, que si las enumero, me dejaré alguna, y me sentiré fatal. Agradecer a nuestro Obispo, don Francisco Cases Andreu, la confianza que siempre me ha mostrado, así como su testimonio de vida, para mí un ejemplo; ser pastor en la Iglesia no es nada fácil, menos en estos tiempos. Una mención también al equipo de formadores del Seminario, en particular para don Salvador Santana, mi rector todos estos años, que siempre ha confiado en mí y en todo me ha ayudado.

Hay muchos sacerdotes a quien debo agradecer su testimonio, su ministerio, que han hecho que crezca en mí el deseo de seguir a Jesus a través del servicio al pueblo de Dios, en esta maravillosa porción del mismo que se encuentra en esta bendita tierra canaria.

Un pequeño recuerdo a los párrocos que en estos años de formación me han acompañado y me han reforzado en mi vocación: don Roberto Espinosa, párroco del Santísimo Cristo de Guanarteme; y don José Dominguez, párroco de Santo Domingo de Guzmán, donde he desarrollado mi última etapa pastoral, con una implicación mayor en la vida de la comunidad. ¿Qué puedo decir de la comunidad de Santo Domingo y de su párroco? No acabaría de agradecer tanto. Una comunidad viva y un cura increíble, un espejo donde mirarse. En último lugar dejo la primera comunidad donde estuve y a la que tanto quiero, la parroquia de Nuestra Señora la Virgen de la Vega. Una comunidad a la que estoy tan agradecido y al que entonces era su párroco, muy especial para mí, don Policarpo Delgado, o Poli; que está intercediendo por todos, siempre tan sonriente. Él estaría tanto o más feliz que yo; él tiene «gran culpa» de que yo este hoy aquí.

El sacerdocio es un don que uno, desde la humildad y sencillez de vida, intenta ofrecer al Pueblo de Dios. No hay nada más maravilloso, nada que llene más una vida, que sentirse amado por padre Dios, llamado a entregar la vida a Él y al pueblo de Dios y hacerlo a través del sacerdocio. Dios no quita nada, al contrario da todo.

No se puede pedir más o bueno sí, ¡¡¡dos cosas!!! El día 30 de diciembre seré, Dios mediante, ordenado sacerdote, en nuestra maravillosa Catedral de Santa Ana, a las 11h. Me encantaría que me acompañaran, es la comunidad la que hace grande a la Iglesia, no las iglesias grandes quien engrandece a las comunidades. Pero, aparte de su asistencia, en les pido su oración; pidan que sea un hombre honesto, sencillo, cercano, humilde, que sepa escuchar al pueblo de Dios. La oración es el motor de la vida cristiana. Gracias y nos vemos.

Pedro diácono

El testimonio de una madre, Doña Rafael Rodríguez

El próximo día 30 de diciembre culminará para mi hijo Pedro Luis un camino que  emprendió hace unos cuantos años. En ese camino le hemos acompañado su familia, sus amigos y todas las personas que han contribuido a su formación en todas y cada una de las etapas que él ha tenido que superar a nivel personal. Para todos ha supuesto un ejercicio de superación constante, que no ha tenido otra finalidad ni otro objeto que intentar adaptarnos con el entorno que le ha ido rodeando y forjando durante todo este tiempo.

Para mí en particular, como madre, ha sido un orgullo estar a su lado durante este tiempo que ha transcurrido en un abrir y cerrar de ojos; parece que fue ayer cuando, viviendo en Fuerteventura, Pedro vino a vivir con nosotros y allí encontró en la persona de Juan María, párroco en Corralejo, el punto de apoyo que necesitaba para dar curso a la inquietud que había nacido en su corazón y que desembocaría en su ingreso en el Seminario y ahora su ordenación. En este tiempo le hemos visto crecer y afianzarse en su fe y en su humanidad.

Esperamos que ese día sea una gran fiesta y todos nosotros acudamos con ilusión grande y amor. Gracias Pedro Luis por hacernos participes de tu vida cristiana y que el Señor te bendiga y te acompañe; se que así será.

Las palabras del sacerdote acompañante, D. José Domínguez

Me siento agradecido al Señor por concedernos, a mí y a la parroquia de Santo Domingo, el poder contribuir a la maduración pastoral de Pedro, al tiempo que vernos enriquecidos con su testimonio vocacional; algunos jóvenes incluso se han sentido interpelados vocacionalmente. Ciertamente es una gracia del Señor para nuestra Iglesia diocesana en estos momentos de sequía vocacional al ministerio presbiteral. Por último, al tiempo que felicito a Pedro, recordarle que la perseverancia es un don del Señor, mientras que la conversión personal y pastoral es una tarea diaria para la que contamos con toda la Iglesia. ¡Felicidades!

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de diciembre de 2017)

«Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo»

Mi nombre es Gerardo, tengo 24 años y soy seminarista de sexto curso. Tuve el placer, junto a dos compañeros míos: Jonathan Almeida y Jonathan Ravelo, de asistir a la Asamblea Nacional de Laicos de Parroquia, organizada por Acción Católica General, los días 3 y 6 de agosto en Santiago de Compostela.

Lo que viví esos tres días fue un derroche de espíritu eclesial y misionero; adultos, jóvenes y niños dispuestos a formarse y congregarse para llevar a cabo una necesaria y urgente renovación pastoral en la que, sin lugar a duda, los laicos tienen un papel protagonista.

Me llamó bastante la atención la capacidad de convocatoria que tuvo el encuentro (¡casi mil personas!), la organización tan exquisita, el apoyo del episcopado español y, sobre todo, la madurez espiritual y el compromiso de muchos militantes jóvenes, de mi edad, que están dispuestos a trabajar por el Reino de Dios en el mundo.

Sin duda, este encuentro me enseñó la importancia que tiene la Acción Católica, con todos sus movimientos especializados, en la formación, compromiso y espiritualidad de un laicado para el mundo de hoy.

Personalmente, como joven cristiano, aproveché el encuentro para estar con gente de mi edad que tienen inquietudes semejantes. Si de algo concreto me debo quedar es con el taller que nos hicieron unas chicas de la Archidiócesis de Barcelona, Blanca y Rocío, sobre la Revisión de Vida (Ver-Juzgar-Actuar). Nos enseñaban, a casi 30 jóvenes que éramos de cada grupo, a hacerla y nos mostraban  lo importante que es en sus vidas; y no en la de ellas solas, sino en muchos de los que estábamos escuchando. Para mí fue como un soplo de esperanza y me decía una y otra vez: los jóvenes en la Iglesia no estamos solos, quizás somos pocos, pero no estamos solos.

Me llevo una conclusión vital para mí: el futuro de la renovación pastoral pasa por la militancia cristiana, es decir, por cristianos que se congreguen en pequeños grupos de vida para formarse y hacer una lectura creyente de la realidad para, así, transformarla.

Desde la comunidad del Seminario Diocesano de Canarias agradecemos de corazón la amabilidad y hospitalidad que los militantes de la Acción Católica General de la Diócesis han tenido con nosotros.

ACG Santiago 2017

 

Iniciando un nuevo curso

  • Como es habitual, el 7 de septiembre volvíamos al Seminario después de un reconfortante verano, un tiempo para la familia, los amigos y el descanso. El reencuentro estuvo marcado por la acogida a los que se han incorporado este año: Alejandro Carmona Arrocha, de Lanzarote, Inocencio García Ramírez, de Las Palmas de Gran Canaria, y Yeray Martel Caballero, de Telde.
  • El viernes 8 de septiembre, fiesta de la Patrona de nuestra Diócesis, la Bienaventurada Virgen del Pino, tuvimos la ocasión de participar en la solemne Eucaristía presidida por nuestro Obispo en la Basílica mariana de Teror y así encomendarnos al inicio de un nuevo curso a nuestra Madre, la Virgen del Pino.
  • También en estos días, del domingo 10 al viernes 15 de septiembre, tuvimos los Ejercicios Espirituales en las casa de las Javerianas, de la Atalaya de Santa Brígida. Fueron días intensos de encuentro con el Señor acompañados por D. Pedro López de la Manzanara, quien hasta este curso y durante once años ha sido Rector del Seminario de la Diócesis de Ciudad Real. Desde estas líneas le agradecemos sus reflexiones y su presencia entre nosotros.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de septiembre-octubre de 2017)

Mis años en el Seminario

En este año un nutrido grupo de sacerdotes de nuestra diócesis están celebrando sus 25 y 50 años de ordenación sacerdotal, 7 y 6 presbíteros respectivamente. Es un motivo para dar gracias a Dios que ha mantenido a estos curas en su servicio durante tantos años y, también, a ellos por la labor pastoral realizada y que, en su mayoría, siguen realizando.

Desde el Seminario nos unimos gozosos a estas efemérides invitando a uno de los que celebran sus Bodas de Oro, D. Manuel Hernández Navarro, Párroco de S. Juan Apóstol y Evangelista (Cruce de Sardina), a que comparta con nosotros sus vivencias de los años de Seminario, primeramente en Vegueta y, sucesivamente, en los entonces recién estrenados pabellones de Tafira, construidos con tanto entusiasmo y dedicación por Mons. Antonio Pildain Zapiain, en aquel momento Obispo de Canarias.

 

Manuel Hernández Navarro, párroco

Con motivo de las bodas de oro de la ordenación sacerdotal, del Seminario me han invitado a recordar algunas vivencias de mi estancia en el Seminario.

El 8 de noviembre de 1954 entramos en el  Seminario de la calle Dr. Chil 24 chicos, la mayoría de doce años, para comenzar el 1er curso de Latín y Humanidades. Nos conocíamos un poco porque en verano tuvimos una semana de convivencia en el mismo Seminario.

Los cinco cursos de Latín y Humanidades los realizamos en Las Palmas. Comenzamos los tres cursos de Filosofía, estrenando el Seminario Nuevo de Tafira, en el mes de noviembre de 1959. Terminamos la Teología en junio de 1966. De los 24 que entramos, terminamos siete: Juan Barreto, Antonio y Gonzalo Fernández Parrilla, Miguel Jiménez, Antonio Perera, Santiago Suárez y Manuel Hernández; en el 3er curso de Humanidades ingresó Pedro Suárez y a primero de Filosofía, Pedro Monzón, que ya gozan de la presencia de Dios y permanecen en nuestra memoria y en nuestros corazones, porque fueron entrañables amigos y buenos sacerdotes.

Estas son algunas de las vivencias que destaco de nuestra estancia en el Seminario Menor: La experiencia del silencio que reinaba en todo el recinto nos ayudó a interiorizar, a reflexionar. Las largas horas de estudio en el salón de San Luis, los dos primeros cursos, y luego en San Carlos, los tres siguientes, nos contagiaron el hábito del trabajo y la responsabilidad. La meditación y la misa diaria, junto con el rosario y la lectura espiritual, fortalecieron nuestra fe y nos facilitaron los primeros encuentros con el Señor. Las horas del recreo, los breves paseos diarios, por las inmediaciones del Seminario, y sobre todo, los paseos de las tardes de los jueves para jugar al fútbol en las Rehoyas o los domingos para pasear por los barrios y barrancos de la ciudad, iban fraguando en nosotros una buena y sincera amistad que conservamos en el tiempo.

Recordando estas vivencias me vienen a la mente las primeras personas que Dios eligió para llamarme al sacerdocio. D. Andrés de La Nuez, el párroco de Ingenio desde 1944 a 1982, que un domingo, al terminar la misa, me dijo estas palabras: «¿Tú quieres ir al Seminario?». Mi respuesta fue  breve: «Yo se lo digo a mis padres». ¿Qué otra cosa podía responder aquel chiquillo que nunca se le había pasado por la cabeza salir de su pueblo a estudiar, que solo pensaba ser chófer como su padre; que no vivía cerca de la iglesia, como el resto de los seminaristas del pueblo; que solo iba los domingos a misa, como el resto de los niños de aquella época?

Y mis padres, que fueron los que más me han ayudado antes, en y después del Seminario. Solo Dios sabe los sacrificios que hicieron para atender a una familia de siete hijos y preparar todo lo necesario para que uno de ellos fuera al Seminario. Ellos han sido, junto con el sacerdocio, el gran regalo de Dios en mi vida.

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(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día de julio-agosto de 2017)