«Apóstoles para los jóvenes»

Partiendo de este lema del Día del Seminario, que es en sí todo un programa para el seminarista y futuro sacerdote, nos hemos acercado al Secretariado de Pastoral Juvenil para conocer la experiencia del sacerdote que les acompaña, Domingo Muñoz Pérez, en su trabajo con los jóvenes, y para saber qué pide el Secretariado, a través de su director, Oliver Díaz Medina, a nuestros seminaristas. Ellos han aceptado la invitación, de lo que le estamos agradecidos, y nos han hecho llegar estas líneas que ahora compartimos con todos ustedes.

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 Vivir el ministerio presbiteral entre jóvenes

Domingo Muñoz Pérez

Mi vida sacerdotal ha estado claramente marcada por mi cercanía con el ámbito juvenil. Y es que en mis primeros pasos de crecimiento en la fe fueron protagonistas los encuentros, convivencias y asambleas de veranos que se organizaban para jóvenes en mi parroquia, a través de la Delegación de juventud. Progresivamente mi proceso de fe fue evolucionando de tal modo que, en el camino, tuve la suerte de compartir experiencia con creyentes y sacerdotes. Estas personas no sólo fueron testigos, sino que, además, me acompañaron con mucho cariño y cercanía, respetando en todo momento mi proceso de descubrimiento y de encuentro con el Señor. Sentía en ellos y en ellas mucho cariño, paciencia y tolerancia, aceptándome íntegramente, con mis debilidades y mis fortalezas. Años después, logré ver en ellos a personas de Dios como Moisés, cuando Dios se le manifestó en la zarza ardiendo diciéndole «quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada» (Ex 3,5).

Tengo claro que mi ministerio no es otra cosa que descalzarme para poder servir mejor a la «tierra sagrada» que son las personas que Dios me va poniendo en el camino. Descubrir en ellos la presencia de Dios y, al mismo tiempo, ofrecerles lo mejor que llevo en mi vida, la alegría de haber dado cabida a Dios en mi historia.

Los jóvenes me han aportado cosas muy buenas para vivir como creyente y pastor. Lo primero y fundamental: vivir auténticamente y con coherencia mi fe. Estar en medio de ellos como uno más; queriendo y aceptando a cada persona como es. Todo esto me lleva a cuestionar mi vida cada día, preguntándome si soy un testigo vivo del Evangelio. Pero si algo me encanta del ser de nuestros jóvenes, es su valentía y su capacidad para arriesgar en la vida. Hoy por hoy, nuestro mundo y nuestra Iglesia temen al cambio, a crear cosas nuevas, a arriesgar y, en definitiva, a apostar ante nuevos retos.

Actualmente, los jóvenes respiran de otra manera distinta a la de antaño. En mi época, hacíamos proceso con los jóvenes. Como bien dice el papa Francisco, para los jóvenes de hoy no vale el método tradicional de encuentros y reuniones semanales. Las personas jóvenes de hoy necesitan tocar realidades; realidades que les cuestionen y, desde ahí, avanzar hacia el Evangelio. Por eso no quieren palabras, necesitan hechos y testigos.

Por tanto, considero que uno de los principales problemas que afronta la Iglesia de hoy es el rechazo de las personas jóvenes hacia nuestra Iglesia, cuestionándose, de manera sistemática, la fe. Cuando miran hacia la Iglesia, la ven pobre en testimonios, sobre todo cuando nuestras comunidades se cierran y se posicionan a la defensiva ante las nuevas realidades y situaciones. En definitiva, nuestra Iglesia tiene miedo a confiar en nuestros jóvenes, responsabilidades, motivo por el cual tenemos un importante reto: construir Iglesia con y para los jóvenes.

Acercarse, escuchar y acompañar para vivir

Oliver Díaz Medina

Queridos seminaristas:

Desde el Secretariado de Pastoral Juvenil de nuestra Diócesis, les queremos felicitar por la jornada tan importante en que recordamos y celebramos el día del Seminario y a ustedes, que se forman en él.

¡Mucho ánimo! en esa preciosa tarea que han decidido empezar a proyectar en sus vidas para ser «Apóstoles para los jóvenes».

Les pedimos, como responsables de la Pastoral Juvenil, tres cosas que no deben dejar pasar en sus vidas cuando estén al frente de las distintas comunidades. Tres cosas que se sintetizan en tres verbos importantes en el trabajo pastoral y, mucho más, en el trabajo pastoral con jóvenes: Acercarse, escuchar y acompañar para vivir.

Acercarse al joven supone tener actitud vital de estar con ellos, de sentirlos como «los preferidos», de estar donde ellos están y compartir con ellos sus inquietudes, sus alegrías y sus fracasos. Solo desde esta clave «cercana», los jóvenes les verán como referentes que animan sus vidas.

Escuchar al joven es hacerse partícipes de sus dudas, de sus miedos, de sus interrogantes para saber qué dicen, cómo piensan y qué piden a la Iglesia. Escuchar para saber, no como sabiduría o erudición, sino para saber cómo amar más y mejor al joven y al mundo que le rodea.

Acompañar al joven para que no se sienta jamás abandonado, solo o excluido. Es el deseo más hondo que anida en la vida del joven: sentirse acompañado para vivir la vida con sentido. ¡Qué ironía de este momento! Cuando más conectados estamos a los demás, a través de cualquier medio, es cuando más soledad se percibe. Por eso, es importante, acompañar, escuchar y acercarse a ellos para ofrecer la Buena Noticia del evangelio como propuesta de sentido y felicidad.

Felicidades, queridos seminaristas. ¡Ánimo! y cuenten con nuestro apoyo y oración para que «el Señor lleve a término la obra buena que ha empezado en ustedes».

En breve
  • Sábado 10 de marzo: Encuentro de Monaguillos en Teror, organizado por el Seminario Menor, y Oración vocacional en la parroquia de S. Telmo a las 20:15h.
  • Lunes 19 de marzo, día de S. José, en la Parroquia de San José Artesano (Lomo Blanco) a las 19h celebración del Rito de admisión a Sagradas Órdenes de los seminaristas: Jonathan Almeida Romero, Gerardo Valbuena Aboid, Inocencio García Ramírez, Jonathan Ravelo Cruz y David Castillo Acosta.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de marzo de 2018)

Una Semana Santa distinta

Hace pocas semanas celebrábamos la Semana Santa, días de gran intensidad en los que, como cristianos, recordábamos y nos uníamos en cierto sentido a Jesucristo en su pasión, muerte y resurrección. También en el Seminario, tanto el Mayor como el Menor, han sido días vividos en profundidad. Por eso hemos pedido a dos seminaristas que nos cuenten su experiencia de la Semana Santa.

 

Isaac De la Fe (Seminarista Menor)

Aunque he participado en otros Encuentros Diocesanos de Jóvenes, este me gustó mucho y me ha ayudado bastante en mi vida personal para seguir mejorando y seguir los pasos de Jesús. Si tuviese que destacar algo del encuentro destacaría dos cosas:

En primer lugar, uno de los talleres que realizamos por la mañana: el taller de Zaqueo. Tras escuchar la narración de la historia del momento en el que este se encuentra con Jesús, se nos pidió que nos pusiéramos en parejas y agarrándonos de las manos, teníamos que estar un minuto mirándonos fijamente a los ojos. Esto a mí me dio una paz que jamás creo que había sentido. Me imagino que esto fue lo que sintió Zaqueo cuando Jesús lo miró, ya que no lo juzgó, sino simplemente lo miró y lo vio tal cual era, sin prejuicios, y vio lo más profundo de su ser.

Otro aspecto que quiero destacar de estos encuentros, es que no vamos siempre con nuestro grupo, sino que nos mezclan con otros grupos. Y esto es algo que siempre he valorado, dado que gracias a esto conocemos a personas de distintas partes de la isla o incluso de otras islas. Por esto quiero dar gracias a la organización del Encuentro Diocesano de Jóvenes pues gracias a ellos he conocido a personas que a día de hoy las considero amigos.

Por otro lado, esta Semana Santa -como había dicho- no la pasé en mi parroquia, sino que todos los seminaristas menores de bachillerato la pasamos en el Seminario Menor en una Pascua Vocacional desde el Jueves Santo hasta el Domingo de Resurrección. Las celebraciones en estos días las tuvimos en la parroquia de San Pedro de la Isleta. El tema principal que se trató en las formaciones y oraciones fue la vocación. Esto es muy importante para todos los seminaristas y es un tema que siempre hay que tratar. Lo que más me gustó de todos esos días fue una oración preparada por Gerardo, el seminarista mayor que nos acompaña. En esta oración se nos entregó a cada uno una lectura de la Biblia, teniendo todas que ver con la vocación. Me ayudó mucho para afrontar los problemas que van surgiendo y que nunca debía olvidar que el Señor estará siempre ahí y que siempre me guiará y me dirá lo que debo decir o hacer. Tras esta reflexión, se nos entregó una cruz y teníamos que imponérsela a nuestro compañero y cuando se la poníamos tuvimos que hacer una oración por ellos. Este acto nunca lo había hecho antes y me pareció de lo más bello y bonito que se puede hacer en la vida.

Esta fue mi Semana Santa 2017. Una Semana Santa distinta.

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Jonathan J. Almeida (Seminarista Mayor)

Para mí la vivencia de estas semanas ha sido muy enriquecedora; las experiencias de estos días alimentan mi vocación hacia el ministerio sacerdotal. En primer lugar destaco el Encuentro Diocesano de Jóvenes del pasado día 8 de abril. Es una alegría encontrarse con jóvenes que apuestan por Jesucristo; uno de los momentos que más me causó alegría fue cuando nuestro obispo D. Francisco nos preguntó al comienzo del encuentro cuántos habían estado en el encuentro del año pasado en La Aldea y cómo la mayoría de los jóvenes que estaban presentes alzaron la mano. También destaco los talleres que se realizaron durante todo el día. Quiero aprovechar estas líneas para agradecer a la organización de dicho encuentro por el buen trabajo realizado en el mismo.

En segundo lugar destaco la Misa Crismal. Como cada año es un regocijo el poder ver a la inmensa mayoría de sacerdotes en la Catedral de Santa Ana y ser testigo de la renovación de sus promesas sacerdotales ante nuestro obispo. Para mí es un aliento en la vocación y en mi camino hacia el ministerio sacerdotal, ya que conozco personalmente a la mayoría y algunos de ellos además de estar muy cercanos a mí han sido un ejemplo en mi vida.

Por último quiero destacar mi vivencia en las parroquias en donde estoy destinado. En ellas he estado compartiendo la Semana Santa, además de con cada comunidad, con D. Carlos Devera, sacerdote venezolano y compañero del ISTIC. Tanto en la parroquia de Santa Rita (Ojos de Garza) como en Nuestra Señora de Lourdes (El Goro), las celebraciones han sido muy amenas y concurridas. Me llama la atención el esfuerzo que hacen muchas de las personas para poder vivir una Semana Santa llena de contenido y de fe en Jesucristo resucitado. Es muy enriquecedor.

Jonathan

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día de mayo de 2017)

Al término del Jubileo de la Misericordia

El domingo 20 de noviembre se clausurará el Jubileo Extraordinario de la Misericordia convocado por el Papa Francisco. Un tiempo de gracia en el que se nos ha invitado a redescubrir la misericordia de Dios y a ser «misericordiosos como el Padre». Desde estas líneas queremos compartir cómo hemos vivido este Jubileo en el Seminario.

Cuando estamos para concluir el año jubilar de la Misericordia, dirigimos nuestra mirada hacia atrás para repasar lo que este año tan especial ha significado para nuestro Seminario y para cada uno de los jóvenes que en él nos formamos con vistas a que en un futuro seamos verdaderos apóstoles de «Jesucristo, rostro de la misericordia del Padre» (Francisco, Misericordiae Vultus, 1).

¡Cómo no recordar en primer lugar la apertura del Jubileo en la Catedral! En la solemne y multitudinaria ceremonia de aquel 13 de diciembre de 2015 tanto el Seminario Menor como el Mayor estuvo presente y participó de forma especial. Dos seminaristas menores y otros dos mayores, junto con el Señor Obispo, abrieron la Puerta Santa de la misericordia en la Catedral. Un símbolo elocuente, querido por nuestro Pastor, D. Francisco Cases, como símbolo de la importancia que el Seminario tiene en la vida diocesana, en cuanto «corazón» de la misma.

Otro momento importante tuvo lugar el primero de mayo. En tal ocasión, también ambos seminarios, peregrinamos a Telde para celebrar el jubileo en la Basílica de San Juan, donde celebramos la Eucaristía, además de realizar una visita al templo, acompañados por el párroco D. José María Cabrera, así como al barrio de San Francisco. Acabamos el día visitando la parroquia de San Miguel, en Valsequillo, donde nos recibió su párroco D. Jorge Hernández, y, posteriormente, almorzando con él.

El Jubileo de la Misericordia también ha estado presente en los espacios comunitarios de los viernes, a los que invitamos a alguna persona que, en primera persona, nos pueda enriquecer con su experiencia. En este año hemos tenido la suerte de escuchar a María Eugenia, de Villa Teresita, que vive y realiza su apostolado en la parroquia de Ntra. Sra. del Carmen de la Isleta. Una vocación que se alimenta todos los días viviendo la misericordia estando cercana y acompañando a los más desfavorecidos del barrio y a las prostitutas.

Más recientemente, aprovechando también la celebración del DOMUND, nos ha visitado D. Manuel Ramírez, el nuevo Delegado Diocesano de Misiones, que vuelve a nuestra diócesis después de nueve años de misionero en Mozambique. Su testimonio misionero también nos habla de la experiencia de la misericordia en el ministerio presbiteral vivido en la misión ad gentes, junto a personas y a los pueblos más sufridos de la tierra.

Junto a estos momentos comunitarios de mayor relevancia, cada seminarista, en las respectivas parroquias en la que está destinado, intenta vivir su experiencia pastoral del fin de semana teniendo en cuenta que está llamado a ser un hombre que muestre la misericordia de Dios: en la visita a los enfermos; en el deseo de conocer y compartir las dificultades que vive la comunidad, especialmente los más necesitados; en el servicio concreto de la parroquia… En definitiva, en el compromiso al  que estamos llamados de, con nuestro granito de arena, hacer presente el Reino de Dios en la tierra, siendo personas de comunión y reconciliación entre los hombres, y entre estos y Dios.

Así pues este año ha sido una magnífica oportunidad para trabajar la dimensión más oblativa de nuestro ministerio, que no es otra que dar la vida por los demás como lo hizo Jesucristo, Buen Pastor. Estar, en definitiva, en el corazón del mundo manifestando el corazón tierno y misericordioso de Dios. En este sentido hacemos nuestro el deseo del Papa: «¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada personal llevando la bondad y la ternura de Dios!» (Misericordiae vultus, 5).

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día de noviembre de 2016)