“Les daré pastores según mi corazón”

El pasado 25 de marzo se cumplía el 25 aniversario de la publicación por parte del entonces Papa, Juan Pablo II, de la Exhortación Apostólica Postsinodal Pastores dabo vobis; título tomado de las primeras palabras del documento que iniciaba citando el texto del profeta Jeremías: «Les daré pastores según mi corazón» (Jer 3,15). Se trataba de un texto pontificio que recogía el trabajo llevado a cabo en la VIII Asamblea General del Sínodo de los Obispos, celebrada en 1990, sobre «La formación de los sacerdotes en las circunstancias actuales».

casesandreufrancisco

Con el fin de conmemorar esta importante efeméride para quienes formamos el Seminario hemos querido entrevistar a nuestro Obispo, D. Francisco Cases, gran conocedor de la Pastores dabo vobis por su amplia experiencia en el ámbito de la formación sacerdotal.

Francisco, cuando se publicó la Exhortación apostólica Pastores dabo vobis en 1992, Usted era a la sazón Rector del Seminario de su Diócesis de origen, Orihuela-Alicante, ¿qué recuerdos tiene de cómo fue recibido este documento sobre la formación de los sacerdotes?

Empecé a ser Rector en equipo con dos Sacerdotes, nuevos en el tema como yo, en plena celebración del Sínodo que dio origen a la Pastores dabo vobis de san Juan Pablo II. La coincidencia nos unió mucho a los tres y encontramos en esta Exhortación la hoja de ruta que andábamos necesitando y buscando. Lo que vivimos los tres lo vimos repetido en rectores y formadores de toda España. Fue muy ilusionante y enriquecedor.

A su modo de ver, ¿cuál fue la principal novedad que aportó la Exhortación apostólica a la formación que entonces se impartía en los seminarios?

Ofrecer una síntesis recia de la teología y la espiritualidad del sacerdote, el tema de las dimensiones de la formación: humana, intelectual, espiritual y pastoral. Y una muy importante: un largo capítulo dedicado a la formación permanente, desde la ordenación hasta el final de la vida.

Si tuviera que sintetizar el contenido de la Exhortación apostólica, ¿cuáles considera que son las principales ideas de la Pastores dabo vobis?

El sacerdocio desde la perspectiva de la acción del Espíritu Santo, que marca y envía, haciendo al sacerdote «trasparencia», «epifanía» de Cristo Pastor, Cabeza y Esposo de la Iglesia. Y el Espíritu no sólo marca el ser en el momento de la ordenación, sino acompaña el ejercicio del ministerio, y la vida toda del sacerdote.

Al conmemorarse los 25 años de la publicación de la Exhortación apostólica, ¿cree que este documento pontificio de San Juan Pablo II sigue teniendo validez y actualidad?

Puede seguir siendo, y debe ser, la referencia fundamental que tenemos. La Congregación para el Clero ha publicado varios documentos que desarrollan distintos aspectos, pero el tronco, la fuente, sigue siendo Pastores dabo vobis.

El pasado 8 de diciembre, la Congregación para el Clero publicaba El don de la vocación presbiteral, la Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, es decir el Plan fundamental de formación sacerdotal. Mirando al futuro, y teniendo en cuenta tanto este nuevo documento como la Pastores dabo vobis, ¿cuáles cree que son los acentos que hay que potenciar en la formación de los candidatos al sacerdocio, teniendo particularmente en cuenta la realidad de nuestra diócesis?

Lo primero: que este nuevo documento nos afecta a los ya sacerdotes. Necesitamos los dos documentos. Insisten ambos en los mismos acentos. La madurez humana, la espiritualidad, la inquietud por continuar aprendiendo y seguir creciendo siempre, el sentido de Iglesia, la cercanía y el amor entrañable a la gente, el hacer presente las actitudes de Jesús, Buen Pastor, la misericordia, la dedicación incansable. Son acentos y rasgos que hoy encuentran su referencia en los discursos y en los gestos del Papa Francisco.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día de abril de 2017)

«Dar razón de la esperanza de ustedes » (1Pe 3, 15) La dimensión intelectual en el proceso formativo del Seminario

Con la vuelta al seminario después de las vacaciones de Navidad, el pasado mes de enero, llegó el período de exámenes en el Istic. Por eso nos ha parecido ésta una ocasión propicia para que podamos, en esta página de Iglesia al Día, ofrecer una reflexión sobre una dimensión de suma importancia en nuestro proceso de formación sacerdotal, como es la dimensión intelectual.

En la exhortación apostólica para la formación de los sacerdotes, Pastores dabo vobis (PDV), de 1992, San Juan Pablo II indicaba las cuatro dimensiones (humana, espiritual, intelectual y pastoral) que deben estar presentes en la formación en el seminario; posteriormente, en 1996, la Conferencia Episcopal Española en su Plan de Formación para los Seminarios Mayores añadirá una quinta: la dimensión comunitaria.

A la dimensión intelectual, el Pontífice dedicaba, ni más ni menos, que seis números (PDV 51-56), haciendo ver así la importancia de este aspecto en la formación de los candidatos al sacerdocio. Los estudios son fundamentales para el futuro sacerdote, quien, en una sociedad tan secularizada como la nuestra, tiene que estar a la altura de los tiempos para poder argumentar la fe, vivida y celebrada, y servir a la Iglesia y al mundo.

Un primer aspecto que conviene aclarar al respecto es que cuando hablamos de la formación intelectual, de los estudios de teología, no podemos caer en un reduccionismo de tipo academicista, pensando que esta dimensión se limita a la mera instrucción académica recibida en el Istic, sino que se trata de una formación integral, que abarca también otros aspectos de la vida humana y social. Por otro lado, tampoco podemos acotar la formación intelectual a los años de seminario, sino que –antes bien– se trata de una formación permanente, como aparece recogido en la PDV, en el Plan de Formación y, más recientemente, en la nueva Ratio Fundamentalis institutionis sacerdotalis publicada el pasado 8 de diciembre por la Congregación para el Clero, en el que se trazan las líneas generales por las que tiene ir la formación sacerdotal; luego tocará a las distintas Conferencias Episcopales adaptarlas a la realidad de cada lugar elaborando los Planes de formación.

Al respecto, leemos en la citada Ratio: «La formación intelectual busca que los seminaristas obtengan una sólida competencia en los ámbitos filosófico y teológico, y una preparación cultural de carácter general, que les permita anunciar el mensaje evangélico de modo creíble y comprensible al hombre de hoy, entrar eficazmente en diálogo con el Mundo contemporáneo y sostener, con la luz de la razón, la verdad de la fe, mostrando su belleza» (n.116).

Además, como se ve en el texto citado, esta formación intelectual tiene una finalidad eminentemente misionera-pastoral: «anunciar el mensaje evangélico» y «entrar eficazmente en diálogo con el Mundo». Esto no quiere decir que se reduzca toda la teología a teología pastoral, pero sí es cierto que la reflexión teológica tiene sus repercusiones en nuestra futura vida de pastores. Para poder acoger la riqueza que nos ofrece la teología, nuestra formación académica se complementa con otras disciplinas; como, por ejemplo, el estudio de la filosofía que nos ayuda a no caer en un dogmatismo académico o en posturas fideístas, sino que nos invita a poner en diálogo la fe y la razón. Asimismo también tiene su relevancia el estudio de las otras ciencias humanas y sociales, como la psicología, la sociología, etc. para contextualizar la teología en el mundo de hoy, con sus posibilidades y desafíos, y conocer mejor al ser humano al que estamos llamados a servir.

Se trata, en definitiva, de estar preparados para dar razón de la fe que profesamos (Cf. 1Pe 3,15), como dice el titulo de este artículo. La tarea no es fácil, pero queremos aprovechar de los medios que se nos ofrecen, en particular desde el Istic, para adquirir esa debida preparación para ser buenos pastores y estar a la altura de la misión que un día se nos conferirá: servir al Pueblo de Dios.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día de febrero de 2017)