«Debemos de poner en el centro de nuestro corazón el Seminario»

En el marco de la campaña del Día del Seminario, el pasado 6 de marzo tenía lugar el tradicional encuentro del Seminario con el Presbiterio de la Diócesis que contó con la participación de D. Sergio Requena Hurtado (Valencia, 1965), Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, quien habló sobre «La vocación al ministerio presbiteral y la pastoral vocacional en el nuevo Plan de formación sacerdotal». Teniendo en cuenta su misión en la Conferencia Episcopal y aprovechando su estancia en nuestras islas le hemos entrevistado.

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Sergio, después de cinco años como Vicerrector del Seminario Mayor de su archidiócesis de Valencia, a finales de septiembre de 2016, la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española le nombraba director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, a la que por cierto pertenece nuestro Obispo D. Francisco Cases, ¿en qué consiste su misión al frente de dicho Secretariado?

  • Veo una cierta continuidad con lo que venía haciendo en el Seminario de mi diócesis. Allí acompañaba como formador a los seminaristas, ahora, desde esta tarea que se me ha encomendado, estoy llamado a servir a los formadores de los seminarios españoles; creo que es lo que mejor define mi trabajo. Entre otras cosas, organizamos una vez al año encuentros nacionales con los rectores y formadores de los seminarios, les ofrecemos apoyo y formación en su tarea. Llevamos adelante la campaña del día del Seminario. Apoyamos el trabajo que desarrollan los delegados de pastoral vocacional y sus equipos… En resumen, es un servicio que se ofrece desde la Conferencia episcopal, en el que se expresa de manera muy clara la preocupación de nuestros obispos por la institución del Seminario y por las vocaciones.

 

La misión que actualmente desempeña en el seno de la Conferencia Episcopal le ofrece una atalaya singular desde la que observar la realidad de los Seminarios en España, ¿qué visión general nos puede dar sobre el «estado de salud» del que gozan de nuestros Seminarios?

  • Creo que en general gozan de buena salud. Hay no obstante diferentes realidades con problemáticas diversas. Entre otros temas que nos preocupan destaca el de la escasez vocacional, pero este aspecto se nota más cuando más pequeño es el Seminario. El desafío es dar siempre una formación de calidad. Por eso, es muy importante el proceso de asimilación de la nueva Ratio Fundamentalis en el que estamos inmersos. En ella se da una especial relevancia a la formación humana, se nos pide que acompañemos al seminarista a alcanzar una personalidad equilibrada, serena y estable.

 

En octubre tendrá lugar en Roma la Asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos que tratará el nada fácil tema de «La fe, los jóvenes y el discernimiento vocacional», el Secretariado que dirige ha estado involucrado en la fase preparatoria que se ha llevado a cabo en nuestro País con la recopilación de las respuestas recibidas al cuestionario enviado a tal fin, ¿qué podría destacar de las respuestas recibidas? ¿cómo se vive el tema discernimiento vocacional entre los jóvenes y en la pastoral de las diócesis españolas?

  • Entre otras cosas, que los jóvenes valoran muy positivamente las diferentes propuestas e iniciativas de la Iglesia para acercarse a ellos, pero piden que dedique más tiempo y personas para escucharlos. En general se echa en falta una mayor cultura vocacional, que oriente a comunidades, familias y jóvenes, logrando así un mayor compromiso en el discernimiento vocacional y un acompañamiento adecuado a los jóvenes.

 

Y ya para acabar esta entrevista, el próximo fin de semana 17 y 18 de marzo se celebra la campaña del Día del Seminario, que este año lleva por lema «Apóstoles para los jóvenes». ¿Qué podría decir sobre esta celebración a nuestros lectores?

  • El día del Seminario nos recuerda que debemos de poner en el centro de nuestro corazón el Seminario y sus necesidades, porque los pastores del mañana merecen todo nuestro cariño y esfuerzo.

 

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de marzo de 2018)

«Apóstoles para los jóvenes»

Partiendo de este lema del Día del Seminario, que es en sí todo un programa para el seminarista y futuro sacerdote, nos hemos acercado al Secretariado de Pastoral Juvenil para conocer la experiencia del sacerdote que les acompaña, Domingo Muñoz Pérez, en su trabajo con los jóvenes, y para saber qué pide el Secretariado, a través de su director, Oliver Díaz Medina, a nuestros seminaristas. Ellos han aceptado la invitación, de lo que le estamos agradecidos, y nos han hecho llegar estas líneas que ahora compartimos con todos ustedes.

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 Vivir el ministerio presbiteral entre jóvenes

Domingo Muñoz Pérez

Mi vida sacerdotal ha estado claramente marcada por mi cercanía con el ámbito juvenil. Y es que en mis primeros pasos de crecimiento en la fe fueron protagonistas los encuentros, convivencias y asambleas de veranos que se organizaban para jóvenes en mi parroquia, a través de la Delegación de juventud. Progresivamente mi proceso de fe fue evolucionando de tal modo que, en el camino, tuve la suerte de compartir experiencia con creyentes y sacerdotes. Estas personas no sólo fueron testigos, sino que, además, me acompañaron con mucho cariño y cercanía, respetando en todo momento mi proceso de descubrimiento y de encuentro con el Señor. Sentía en ellos y en ellas mucho cariño, paciencia y tolerancia, aceptándome íntegramente, con mis debilidades y mis fortalezas. Años después, logré ver en ellos a personas de Dios como Moisés, cuando Dios se le manifestó en la zarza ardiendo diciéndole «quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada» (Ex 3,5).

Tengo claro que mi ministerio no es otra cosa que descalzarme para poder servir mejor a la «tierra sagrada» que son las personas que Dios me va poniendo en el camino. Descubrir en ellos la presencia de Dios y, al mismo tiempo, ofrecerles lo mejor que llevo en mi vida, la alegría de haber dado cabida a Dios en mi historia.

Los jóvenes me han aportado cosas muy buenas para vivir como creyente y pastor. Lo primero y fundamental: vivir auténticamente y con coherencia mi fe. Estar en medio de ellos como uno más; queriendo y aceptando a cada persona como es. Todo esto me lleva a cuestionar mi vida cada día, preguntándome si soy un testigo vivo del Evangelio. Pero si algo me encanta del ser de nuestros jóvenes, es su valentía y su capacidad para arriesgar en la vida. Hoy por hoy, nuestro mundo y nuestra Iglesia temen al cambio, a crear cosas nuevas, a arriesgar y, en definitiva, a apostar ante nuevos retos.

Actualmente, los jóvenes respiran de otra manera distinta a la de antaño. En mi época, hacíamos proceso con los jóvenes. Como bien dice el papa Francisco, para los jóvenes de hoy no vale el método tradicional de encuentros y reuniones semanales. Las personas jóvenes de hoy necesitan tocar realidades; realidades que les cuestionen y, desde ahí, avanzar hacia el Evangelio. Por eso no quieren palabras, necesitan hechos y testigos.

Por tanto, considero que uno de los principales problemas que afronta la Iglesia de hoy es el rechazo de las personas jóvenes hacia nuestra Iglesia, cuestionándose, de manera sistemática, la fe. Cuando miran hacia la Iglesia, la ven pobre en testimonios, sobre todo cuando nuestras comunidades se cierran y se posicionan a la defensiva ante las nuevas realidades y situaciones. En definitiva, nuestra Iglesia tiene miedo a confiar en nuestros jóvenes, responsabilidades, motivo por el cual tenemos un importante reto: construir Iglesia con y para los jóvenes.

Acercarse, escuchar y acompañar para vivir

Oliver Díaz Medina

Queridos seminaristas:

Desde el Secretariado de Pastoral Juvenil de nuestra Diócesis, les queremos felicitar por la jornada tan importante en que recordamos y celebramos el día del Seminario y a ustedes, que se forman en él.

¡Mucho ánimo! en esa preciosa tarea que han decidido empezar a proyectar en sus vidas para ser «Apóstoles para los jóvenes».

Les pedimos, como responsables de la Pastoral Juvenil, tres cosas que no deben dejar pasar en sus vidas cuando estén al frente de las distintas comunidades. Tres cosas que se sintetizan en tres verbos importantes en el trabajo pastoral y, mucho más, en el trabajo pastoral con jóvenes: Acercarse, escuchar y acompañar para vivir.

Acercarse al joven supone tener actitud vital de estar con ellos, de sentirlos como «los preferidos», de estar donde ellos están y compartir con ellos sus inquietudes, sus alegrías y sus fracasos. Solo desde esta clave «cercana», los jóvenes les verán como referentes que animan sus vidas.

Escuchar al joven es hacerse partícipes de sus dudas, de sus miedos, de sus interrogantes para saber qué dicen, cómo piensan y qué piden a la Iglesia. Escuchar para saber, no como sabiduría o erudición, sino para saber cómo amar más y mejor al joven y al mundo que le rodea.

Acompañar al joven para que no se sienta jamás abandonado, solo o excluido. Es el deseo más hondo que anida en la vida del joven: sentirse acompañado para vivir la vida con sentido. ¡Qué ironía de este momento! Cuando más conectados estamos a los demás, a través de cualquier medio, es cuando más soledad se percibe. Por eso, es importante, acompañar, escuchar y acercarse a ellos para ofrecer la Buena Noticia del evangelio como propuesta de sentido y felicidad.

Felicidades, queridos seminaristas. ¡Ánimo! y cuenten con nuestro apoyo y oración para que «el Señor lleve a término la obra buena que ha empezado en ustedes».

En breve
  • Sábado 10 de marzo: Encuentro de Monaguillos en Teror, organizado por el Seminario Menor, y Oración vocacional en la parroquia de S. Telmo a las 20:15h.
  • Lunes 19 de marzo, día de S. José, en la Parroquia de San José Artesano (Lomo Blanco) a las 19h celebración del Rito de admisión a Sagradas Órdenes de los seminaristas: Jonathan Almeida Romero, Gerardo Valbuena Aboid, Inocencio García Ramírez, Jonathan Ravelo Cruz y David Castillo Acosta.

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de marzo de 2018)

El don de la vocación presbiteral

Éste es el título que la Congregación para el Clero, la instancia vaticana encargada, entre otros asuntos, de los temas relativos a los seminarios y al clero, publicaba la nueva Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis el pasado 8 de diciembre de 2016. Un documento que recoge las líneas principales por lo que se refiere a la formación sacerdotal: tanto la formación inicial, la que se recibe en el Seminario, como la permanente, que acompaña toda la vida del sacerdote.

La misma Congregación para el Clero organizó en Roma, en octubre pasado, un Congreso Internacional sobre la nueva Ratio en el participaron numerosos Obispos y Rectores de todo el mundo, y que concluyó con una audiencia concedida por el Santo Padre. Entre los que fueron invitados a participar de España, encabezados por Mons. Joan-Enric Vives, Obispo presidente de la Subcomisión episcopal de Seminarios, se encontraba nuestro rector, Salvador Santana, a quien hemos pedido que comparta con nosotros sus vivencias de esos días.

Salvador Santana

Durante los días 4 al 7 de Octubre se celebró en Roma el Congreso Internacional sobre la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis. «El don de la vocación presbiteral». Tuve la gracia de participar en el mismo como miembro de la Comisión de los Seminarios de España que preside Mons. Joan-Enric Vives.

Ha sido una experiencia de trabajo serio e intenso, muy rica en contenido, a la vez enriquecedora al compartir experiencias con el conjunto de los participantes. Todos los ponentes fueron grandes testimonios eclesiales del momento actual que vive la Iglesia universal.

En forma de una breve síntesis, aprovecho esta oportunidad, para compartir, en particular, las grandes líneas generales del citado Documento por lo que se refiere a la formación inicial o los años de seminario. Este proceso consta de cuatro etapas:

  • Propedéutica: Se trata de un primer momento fundamental para el proceso del futuro seminarista. Conlleva la vida comunitaria, espiritual y el discernimiento vocacional. En este primer momento se pretende alcanzar un mayor autoconocimiento de sí mismo y una vida seria de oración y espiritualidad. A ser posible, debe realizarse en un lugar fuera del Seminario y con un sacerdote acompañante.
  • Discipular o de estudios filosóficos: el discipulado ha de ser una nota distintiva que marque el itinerario de toda la vida. No se trata de una conquista personal, ni formar burócratas o funcionarios, sino de discípulos que caminan en el mismo camino de su Señor. Es una experiencia discipular que acerca a Cristo y le mete en su corazón; que acompañar toda la vida y abarca a toda la persona. En ella se ha de destacar la formación humana. El discípulo del Siervo y Buen Pastor es llamado a asumir todo lo humano de Cristo.
  • Configuradora o de estudios teológicos: el Seminario está para formar discípulos misioneros configurados con Cristo. Se trata de un futuro pastor que se va configurando con Cristo: lo busca, lo conoce, lo ama y lo sigue. Como afirma el Papa Francisco: «Su corazón se tiene que conmover ante sus ovejas como servidor de todos».
  • Pastoral o de síntesis vocacional: en esta etapa hay que exigir el alcance del discernimiento sobre sí mismo y sobre el ámbito pastoral. En el ámbito personal buscando la voluntad de Dios, cuidando la propia interioridad. Es un camino permanente de dones y fragilidades que hay que reconocer, asumir e integrar. El seminarista en esta etapa ha de ser consciente de que él mismo es un paralítico curado que acepta sentirse cargo de su destino: estar cerca de los abandonados.

Cada una de estas etapas ha de integrar durante todo el proceso formativo las siguientes dimensiones: humana, espiritual, intelectual y pastoral. Además, todo inserto en un único proceso de formación con estas características: único, integral, comunitario y misionero. Se trata de un proceso integral y progresivo que dura toda la vida del presbítero, y que se distingue en dos fases: inicial y permanente. La inicial se desarrolla en el Seminario, y la permanente, utilizando la etapa pastoral como puente para la ella, que, como bien se insiste, dura toda la vida del sacerdote.

Esta es la misión del Seminario: formar pastores, discípulos misioneros, amigos íntimos del Señor. Hombres que tengan la mirada y los sentimientos de Cristo Jesús, como pastores y samaritanos del pueblo de Dios. Llamados a reproducir los gestos y palabras de Jesús, Siervo y Pastor. La Ratio Fundamentalis nos invita a crear una espiritualidad sacerdotal desde la pastoral presbiteral.

Concluyo insistiendo en la importancia de la formación con las palabras que el Papa Francisco nos dirigió en la audiencia que tuvimos el último día: «El tema de la formación sacerdotal es crucial para la misión de la Iglesia: la renovación de la fe y el futuro de las vocaciones sólo es posible si tenemos sacerdotes bien formados».

(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día
de noviembre de 2017)

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Salvador Santana, junto a Mons. Jorge Patrón y otro Rectores en una de ls reunioes de los grupos de trabajjo

Mis años en el Seminario

En este año un nutrido grupo de sacerdotes de nuestra diócesis están celebrando sus 25 y 50 años de ordenación sacerdotal, 7 y 6 presbíteros respectivamente. Es un motivo para dar gracias a Dios que ha mantenido a estos curas en su servicio durante tantos años y, también, a ellos por la labor pastoral realizada y que, en su mayoría, siguen realizando.

Desde el Seminario nos unimos gozosos a estas efemérides invitando a uno de los que celebran sus Bodas de Oro, D. Manuel Hernández Navarro, Párroco de S. Juan Apóstol y Evangelista (Cruce de Sardina), a que comparta con nosotros sus vivencias de los años de Seminario, primeramente en Vegueta y, sucesivamente, en los entonces recién estrenados pabellones de Tafira, construidos con tanto entusiasmo y dedicación por Mons. Antonio Pildain Zapiain, en aquel momento Obispo de Canarias.

 

Manuel Hernández Navarro, párroco

Con motivo de las bodas de oro de la ordenación sacerdotal, del Seminario me han invitado a recordar algunas vivencias de mi estancia en el Seminario.

El 8 de noviembre de 1954 entramos en el  Seminario de la calle Dr. Chil 24 chicos, la mayoría de doce años, para comenzar el 1er curso de Latín y Humanidades. Nos conocíamos un poco porque en verano tuvimos una semana de convivencia en el mismo Seminario.

Los cinco cursos de Latín y Humanidades los realizamos en Las Palmas. Comenzamos los tres cursos de Filosofía, estrenando el Seminario Nuevo de Tafira, en el mes de noviembre de 1959. Terminamos la Teología en junio de 1966. De los 24 que entramos, terminamos siete: Juan Barreto, Antonio y Gonzalo Fernández Parrilla, Miguel Jiménez, Antonio Perera, Santiago Suárez y Manuel Hernández; en el 3er curso de Humanidades ingresó Pedro Suárez y a primero de Filosofía, Pedro Monzón, que ya gozan de la presencia de Dios y permanecen en nuestra memoria y en nuestros corazones, porque fueron entrañables amigos y buenos sacerdotes.

Estas son algunas de las vivencias que destaco de nuestra estancia en el Seminario Menor: La experiencia del silencio que reinaba en todo el recinto nos ayudó a interiorizar, a reflexionar. Las largas horas de estudio en el salón de San Luis, los dos primeros cursos, y luego en San Carlos, los tres siguientes, nos contagiaron el hábito del trabajo y la responsabilidad. La meditación y la misa diaria, junto con el rosario y la lectura espiritual, fortalecieron nuestra fe y nos facilitaron los primeros encuentros con el Señor. Las horas del recreo, los breves paseos diarios, por las inmediaciones del Seminario, y sobre todo, los paseos de las tardes de los jueves para jugar al fútbol en las Rehoyas o los domingos para pasear por los barrios y barrancos de la ciudad, iban fraguando en nosotros una buena y sincera amistad que conservamos en el tiempo.

Recordando estas vivencias me vienen a la mente las primeras personas que Dios eligió para llamarme al sacerdocio. D. Andrés de La Nuez, el párroco de Ingenio desde 1944 a 1982, que un domingo, al terminar la misa, me dijo estas palabras: «¿Tú quieres ir al Seminario?». Mi respuesta fue  breve: «Yo se lo digo a mis padres». ¿Qué otra cosa podía responder aquel chiquillo que nunca se le había pasado por la cabeza salir de su pueblo a estudiar, que solo pensaba ser chófer como su padre; que no vivía cerca de la iglesia, como el resto de los seminaristas del pueblo; que solo iba los domingos a misa, como el resto de los niños de aquella época?

Y mis padres, que fueron los que más me han ayudado antes, en y después del Seminario. Solo Dios sabe los sacrificios que hicieron para atender a una familia de siete hijos y preparar todo lo necesario para que uno de ellos fuera al Seminario. Ellos han sido, junto con el sacerdocio, el gran regalo de Dios en mi vida.

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(Artículo publicado en el mensual diocesano Iglesia al Día de julio-agosto de 2017)

Un encuentro distinto

Los días 26 al 28 del pasado mes de febrero tuvo lugar el encuentro anual entre los dos Seminarios canarios, una cita esperada por los seminaristas de ambas diócesis en un deseo de fomentar la comunión entre nuestras Iglesias particulares.

En esta ocasión, el encuentro tuvo lugar en Tenerife. Hasta allí nos desplazamos los formadores y seminaristas de Las Palmas el domingo 26 a primera hora de la mañana. A diferencia de años anteriores, este encuentro tuvo un carácter de cursillo. En efecto, contamos con la presencia de Mons. Juan María Uriarte, Obispo emérito de Bilbao, que nos habló sobre el don del celibato. Fueron días intensos de trabajo, con dos sesiones por la mañan y otras tanta por la tarde, en las que nos enriquecíamos con la sabiduría, el conocimiento y amplia experiencia de Mons. Uriarte en este tema, pero también fueron días de hermosa convivencia en los que se pudo experimentar las buenas relaciones que hay entre ambas comunidades.

Agradecemos la acogida brindada por el Seminario de Tenerife, formadores y seminaristas, y la valiosa aportación de Mons. Juan María Uriarte.